¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

domingo, 4 de febrero de 2018

Capítulo 27

     "—¿No me crees?".

     Aquella pregunta pareció resonar en la habitación una y otra vez, haciendo que el silencio prolongado entre nosotras comenzase a incomodarnos cada vez más por momentos.
     Estreché al pequeño Señor Guillermo entre mis brazos y desvié la mirada de la pelirroja, incapaz de seguir mirándola directamente a los ojos y sintiéndome como una completa  estúpida. Su gesto parecía decirlo todo. ¿Cómo iba a creer semejante historia? Todo aquello parecía ser un simple extracto de una novela mala de fantasía.
     Ya no sabía qué pensar. ¿Y si realmente había sido imaginación mía y todo aquello solo había sido una simple pesadilla? Después de todo, se me habían acumulado demasiadas cosas durante la excursión y puede que aquellos sentimientos negativos que tenía en mi interior me hubiesen nublado la realidad. Además, en el momento en el que sucedió todo, era prácticamente de noche y apenas se veía gran cosa. Tal vez había sido un simple espejismo o una ilusión creada por el cansancio que sentía.
     Toda aquella situación me tenía totalmente desorientada y confundida. Por una parte, la existencia de aquella criatura era simplemente imposible y era muy probable que la imaginación me hubiese jugado una mala pasada, pero de ser así, ¿cómo había acabado aquella discusión con la chica de cabellos azules? ¿Por qué me encontraba tan lejos de la cabaña si le insistí en no alejarnos más? ¿Y cómo es que Castiel solo llegó a encontrarme a mí y no a la peliazul?
     Por más que pensase en todo aquello, me era imposible encontrar una explicación lógica que lograse esclarecer cada uno de los cabos sueltos que venían a mi cabeza si obviaba el hecho de que aquella criatura pudiese existir.
      —Sophie, y-yo...
     —Lo siento —la interrumpí. No quería escuchar su respuesta. No quería que mi propia amiga me dijese que estaba loca de atar por intentar hacerle pensar que aquello podía ser verdaderamente cierto—, no debería de haberte contado todo esto. Estoy segura de que solo fue una simple pesadilla. Seguramente la tuviese al desmayarme allí en medio de la montaña con el frío. Sin embargo, parecía tan real... que debo de haberme vuelto paranoica —aflojé un poco mi agarre del pequeño conejo y dejé que un suspiro escapase de entre mis labios—. Todavía me dan escalofríos de imaginarlo.
     Alcé la vista del suelo y le dediqué una pequeña sonrisa algo forzada a Akora, para después levantarme del suelo y dejar al conejito en su jaula. No soportaba más aquella incómoda situación.
     —Será mejor que me vaya —dije antes de que llegase a pronunciar palabra alguna—. Ya es tarde y George debe estar comenzando a preocuparse por mi tardanza. Gracias por escuchar mis quejas una vez más y siento haberte incomodado con mis tonterías.
     La chica no me detuvo ni tampoco añadió nada más, simplemente se quedó mirándome mientras recogía mis cosas y terminaba por ponerme mi chaquetón de color negro. Nada más terminar de prepararme, me despedí rápidamente de Akora y me marché de su casa sin decir nada más.


***

      —Definitivamente eres imbécil.
     —¿Cuántas veces más vas a repetirlo? —nada más decir aquello, la chica sintió como presionaban la herida de su nuca con fuerza, haciéndole encogerse de dolor.
    —¿A quién en su sano juicio se le ocurre atacar a una humana y dejarse ver de esa manera en forma de lobo? ¡Te dije que los vigilaras! ¡Nada más! ¡¿Es que eres idiota o qué?! —Derek apretó una vez más la herida de Ashley con furia para después soltarla de forma brusca, alejándola de él. Tras esto, dirigió su mirada a la chica que se encontraba anteriormente tratando las heridas de la peliazul—. En cuanto hayas terminado con ella, encárgate de que se aparte de mi vista —el chico se dio media vuelta y comenzó a caminar alejándose del lugar—. Más te vale no volver a aparecer frente a mí, Ashley.

***


     Nada más llegar a casa, me apresuré en encaminarme hacia mi cuarto para así poder encerrarme allí el resto del día. Por suerte, George aún no había llegado y podía aplazar la charla para más adelante. Tenía muchas cosas en las que pensar y a la misma vez no quería pensar en nada. Estaba confusa, angustiada y totalmente agotada (tanto física como mentalmente). Lo único que quería entonces era cerrar los ojos y dejar la mente totalmente en blanco, poder relajarme y no tener que pensar en ninguno de los problemas que se me habían acumulado hasta el momento.
     Tras cerrar la puerta tras de mí, no dudé ni un instante en dejarme caer sobre la cama para por fin descansar en paz en mi pequeña burbuja, pudiendo disfrutar de la comodidad de aquel mullido colchón. Sin embargo, justo cuando creía que iba a quedarme dormida por fin, escuché cómo el teléfono fijo de la casa comenzaba a sonar.
     Suspiré y dejé que un gruñido de molestia hiciesen vibrar mis cuerdas vocales. ¿Tenían que llamar justamente en aquel momento? Perezosamente, acabé por levantarme y me dirigí hacia la cocina, donde se encontraba el maldito teléfono, para finalmente descolgarlo con cierto fastidio.
     —¿Diga?
     —¡Menos mal! ¡Por fin lo coges, Sophie! Llevo llamando a casa un buen rato pero nadie cogía el teléfono. ¡Ya me estaba empezando a preocupar! —la voz de George al otro lado del teléfono parecía sonar igual de cansada que la mía—. En fin —suspiró—, sólo quería avisarte de que seguramente no vuelva a casa hasta pasado mañana. He tenido un pequeño accidente con el coche y estoy ahora mismo en el hospital.
     —¿C-cómo?
    —¡T-tranquila! Estoy bien, de verdad. No ha sido nada grave. De hecho, podría volver hoy mismo, pero los doctores dicen que necesitan hacerme algunos análisis más y que es mejor que me quede un par de noches más de reposo —George hizo una pequeña pausa y soltó un pequeño suspiro—. Siento todo esto. No quería hacer que te preocupases durante la excursión, así que preferí llamarte cuando volvieses a casa. Además, tampoco era cuestión de no contártelo... Cuando regrese, continuaremos con la charla que dejamos a medias el último día, ¿vale? —aunque no lo veía, pude notar que en aquel momento se le había dibujado una pequeña sonrisa en la boca—. Tienes comida de sobra en el frigorífico, puedes hacerte lo que quieras. Y si no te apetece cocinar, siempre dejo algo de dinero en el primer cajón de la estantería que hay en el salón.
     Un pequeño silencio se instauró entre los dos. Me era prácticamente imposible procesar lo que acababa de decirme.
    —...Si prefieres no quedarte sola en casa, puedes quedarte en casa de tu amiga, o incluso puedes invitarla a casa a dormir —me quedé en silencio, sin llegar a responderle a nada. Un suspiro se escuchó al otro lado del teléfono—. Tengo que colgar ya. Nos vemos dentro de dos días, ¿vale? —al no recibir respuesta a aquello tampoco, George me dio las buenas noches con voz tristona y seguidamente colgó.
    Mientras el pitido intermitente del teléfono resonaba en mi oído, mi vista se quedó mirando al vacío por un buen rato. Mi mente se quedó completamente en blanco y mi corazón dejó de albergar sentimiento alguno.
     En silencio, colgué finalmente el teléfono y me dirigí hacia mi habitación. Cerré la puerta tras de mí y, nada más acostarme nuevamente sobre aquel mullido colchón, dejé que el cansancio se apoderase de una vez por todas de mí.


***


     Los continuos pasos de la chica era lo único que se escuchaba en aquella habitación. Estaba nerviosa, con el cuerpo inquieto y el corazón acelerado de la inquietud que sentía. Hacía ya un buen rato que había hablado con Lysandro para quedar un momento. Se había disculpado con él por tener que reunirse tan precipitadamente de aquella manera, pero era urgente y no sabía qué hacer.
     Fue en aquel instante en el que el timbre de la casa se escuchó. La madre de la pelirroja gritó un "¡Ya voooy!", pero su hija se lo impidió al precipitarse sobre la puerta, soltando un "¡Es para mí! ¡Ahora vuelvo!", saliendo de la casa y cerrando la puerta tras de sí, sin dejar a su madre replicarle debido a la rapidez con que salió de casa.
     Se mantuvo un momento en silencio y observó a los lados para asegurarse de que nadie les escuchaba. Entonces, se aproximó al de cabellos plateados, sin apenas darle tiempo a saludarla, y dejó salir todo lo que necesitaba que el chico supiese y escuchase.
     —Lys, S-Sophie vio a Ashley transformarse. Cree que pudo haber sido una pesadilla, pero ha empezado a creer que puede ser cierto. Me preguntó que si le creía y... y... n-no supe qué contestarle. M-me quedé callada y acabó yéndose antes de que pudiese hacer nada.
     Al de ojos bicolores no le hizo falta escuchar nada más. Rodeó a la chica entre sus brazos para poder tranquilizarla y tras musitarle un "Tranquila, todo estará bien", se separó de ella, despidiéndose con un corto beso y desapareciendo del lugar de un momento a otro.

***

     El hálito de la brisa meciendo las hojas perenne de los árboles suavemente mientras arrastraba al mismo tiempo las pocas hojas caduca que aún quedaban por el suelo sin recoger. El frío invernal acariciando mis mejillas y haciendo visible mi respiración en el aire. Las risas de los alumnos al salir de clase, celebrando que apenas quedaban días para las vacaciones de Navidad. Compañeros organizando quedadas y parejas planeando citas románticas a las que ir en Nochebuena, mientras algunos profesores suspiraban de alivio al imaginarse poder descansar en muy poco tiempo.
    Balanceé las piernas intentado distraerme mientras esperaba pacientemente allí sen-tada, en uno de los bancos del patio del instituto. Froté mis manos queriendo hacerlas entrar en calor y, en aquel momento, alcé la vista hacia la entrada del edificio, buscando con la mirada entre el gentío que quedaba por salir de clases.
     Nada más vislumbrar a quien estaba intentando encontrar, me levanté y no dudé ni un momento en dirigirme hacia él con cierta prisa. Mis ojos se mantuvieron fijos en aquella cabellera rubia para no perderlo de vista. Sin embargo, en aquel momento mis pasos se aminoraron en el instante en el que me percaté de con quién salía acompañado del instituto. Su hermana. Aun así, aquello no me acobardó ni me detuvo. Por el contrario, mis pies volvieron a retomar el ritmo y me dirigí hacia ellos con pasos decididos.
     —¡Nath! —exclamé, llamando la atención de ambos individuos. La chica de cabellos dorados frunció el ceño al verme, pero antes de que esta pudiese llegar a dirigirme la palabra de manera desagradable, me adelanté—. ¿Puedo hablar un momento contigo?
     El rubio me miró con ojos intensos y no dudó ni un momento en decirle a su hermana que esperase por él en la entrada del instituto. Ella se negó rotundamente y prácticamente le prohibió que hablase conmigo, a lo que él contestó tajantemente que con quien hablase él no tenía nada que ver con ella. Ámber miró a su hermano con cierta rabia para después dirigirme una mirada llena de odio, pero finalmente acabó apartándose de nosotros, aunque al parecer no tuvo intención alguna de esperar al delegado.
     Nathaniel dejó escapar un suspiro de exasperación mientras observaba cómo su hermana lo dejaba tirado. Tras esto, volvió a desviar la mirada hacia mí y se acercó, tornando su gesto molesto por uno inquieto.
     —¿Ha pasado algo, Sophie? No has venido hoy al instituto... —preguntó con cierta preocupación mientras se situaba frente a mí.
       —...Me gustaría tener esa cita contigo hoy —dije sin más, sin siquiera responder a su pregunta.
    —¿C-cómo? —al parecer, el delegado no se esperaba que le dijese aquello tan repentinamente—. ¿Estás segura? Pensé que te encontrarías mal después de lo que pasó ayer. Te veías bastante pálida tras volver de la excursión.
      —Ya estoy mejor, no te preocupes. Pero, volviendo a lo que te estaba diciendo... Antes de la cita, me gustaría que me acompañases a un lugar —desvié un momento la mirada—. La verdad es que no quiero ir sola, y ahora mismo solo puedo pedírtelo a ti —el chico me observó un momento, para al instante después asentir.
     —Está bien —respondió—. Puedes contar conmigo.

...


     Nos bajamos del autobús en cuanto se detuvo en la siguiente parada. Me sentía mal al arrastrar al chico hasta aquel lugar, y aún más al pensar que después de aquello iríamos a una cita que supuestamente tendría que ser alegre y divertida, pero en aquel momento no se me había ocurrido nada más ni nadie más a quien recurrir.

    Tras lo de anoche, descarté a Akora sin pensármelo dos veces, lo cual significaba también tener que descartar a Lysandro. Podría habérselo pedido a Castiel..., pero sentía que ya lo había molestado suficiente en la excursión como para volver a pedirle otro favor más. Además, aunque hubiese arreglado las cosas con él, el hecho de que me gustaba no iba a mejorar nada y, tenía la corazonada de que si acababa viniendo con él, las cosas se complicarían. No quería volver a ser una carga para él. Por otra parte, haber acudido a Nathaniel tenía un punto positivo, y es que así conseguiría acercarnos un poco más y dejarle claro que él también era importante para mí. Puede que mis sentimientos no le correspondiesen como él quisiera, pero quería darle aquella oportunidad y, en el momento oportuno, dejarle en claro tanto mis pensamientos como mis sentimientos.
     Al pensar en todo aquello, mi gesto se tornó decidido y, tras tomar de la mano al de cabellos dorados, nos encaminamos hacia dentro del recinto de aquel edificio y nos dirigimos hacia la recepción, sintiéndome segura al tener a Nathaniel a mi lado.
     —Disculpe, ¿puede decirnos dónde se encuentra la habitación de George Anderson?
     

viernes, 24 de noviembre de 2017

Capítulo 26

     Momentos después, nos encontrábamos haciendo cola para subir al autobús. Carole y Mark se encontraban a ambos lados de la entrada del vehículo, despidiéndose de cada uno de nosotros y entregándonos un folleto de aquel lugar y las fotos que habíamos hecho cada uno impresas en papel de foto.
     En aquel instante, sentí cómo alguien posaba una mano sobre mi hombro. Mi corazón palpitó acelerado sin poder evitarlo, casi esperando que fuese él, pero nada más darme la vuelta, acabé encontrándome con el rostro sonriente de Nathaniel. Intenté disimular la decepción de mi rostro y le respondí con otra sonrisa.
     —¿Ya tienes con quién sentarte en el bus? —me preguntó directamente.
    —Pues... —no pude evitar fijarme en que, al fondo de la fila, se encontraba el pelirrojo un tanto cabizbajo y pensativo. El rostro difuminado de Nath bajo mi vista, recobró la normalidad al volver a centrarme en él—. Lo cierto es que ya acordé con Akora el sentarme con ella.
    —Oh, vaya —hizo una pequeña mueca de desilusión, pero sus ojos volvieron a brillar al instante después tras dirigirme de nuevo la mirada—. Supongo... que no has cambiado de opinión, ¿no? —tardé un momento en reaccionar, pero finalmente pude volver a hilar la conversación.
    —Claro que no —le ofrecí una leve sonrisa tras decir aquello, ocasionando que el chico respirase con alivio.
  —Bueno, pues entonces... —buscó algo entre sus bolsillos para después acabar mostrándome las dos entradas de cine que había elegido como premio por la foto que hicimos—, creo saber dónde ir. Solo me falta concretar el día.
     Mis labios se presionaron por instinto y un suave cosquilleo me revolvió el cuerpo. No pude evitar sentirme un tanto nerviosa en mi interior al pensar que realmente iba a tener una cita con él.
    —P-pues... los exámenes ya han acabado, y esta semana es la última de clases antes de vacaciones, así que no me importa cuándo realmente —posé la mano sobre mi cuello y me lo masajeé un tanto para evitar que los nervios me hiciesen sonrojarme.
     —Entonces, ¿te parece bien mañana sobre las cinco?
     Tras unos segundos, asentí, conforme y este me ofreció una cálida y entusiasmada sonrisa. Al contrario que yo, no trató de ocultar su leve sonrojo. Me era imposible no sentirme bien al verlo tan feliz, pero al volver a echar un vistazo al pelirrojo, mis labios se fruncieron sin poder evitarlo.
     En aquel momento, llegué por fin al inicio de la cola y, tras despedirme de los monitores y tomar la foto y el folleto, me adentré en el vehículo. Akora no tardó en saludarme desde el fondo del autobús para indicarme que me sentase con ella.
     Tras situarme en el asiento contiguo al de ella, observé cómo el delegado entraba y se sentaba en uno de los asientos al principio del todo. Al rato después, tras unas cuantas personas más, Castiel subió al bus también, sin embargo, en vez de sentarse al principio como el delegado, pasó por todos y cada uno de los asientos de largo (incluidos los nuestros), pasando por mi lado,  y se sentó al final del autobús, al lado de la ventana. No dudó ni un segundo en dejar la mochila en el asiento contiguo para asegurarse de que nadie se le sentarse al lado. 
     —La excursión no ha acabado muy bien que digamos... —Akora llamó mi atención con aquella frase, haciendo una pequeña mueca de culpabilidad. 
     Durante el viaje hacia nuestra ciudad, la pelirroja acabó contándome, sin muchos detalles, qué es lo que había ocurrido entre Castiel y ellos, diciéndome que Lys le había dicho algo a Akora sobre el ojigris anoche y que ella hoy había sacado el tema sin venir a cuento, a lo que Castiel se enfureció.
     Al verla un tanto decaída, decidí cambiar de tema y preguntarle si había pasado algo entre Lys y ella en mi ausencia y esta se sonrojó un tanto, sin poder evitar sonreír de oreja a oreja. No tardó en acabar contándome lo sucedido.
    Como acordamos, escuché a Akora en todo momento, dejando que la chica se expresase sin reparo. Mientras,  por mi parte, decidí quedarme callada, sin tener el valor de desahogarme de igual forma con ella, sin poder mencionarle nada de la noche anterior, y sobre todo, sin poder contarle sobre la verdadera y terrorífica forma de Ashley.

*     *     *

     El viaje estaba transcurriendo con total tranquilidad. Las conversaciones con Akora consiguieron mitigar un poco mi desánimo y distraerme por un rato. Todo lo que había ocurrido en la excursión se desvaneció de mi mente mientras hablaba con la pelirroja y me distraía observando el paisaje a través de la ventana. Sin embargo, al mantener en blanco la mente, volví a acordarme de un punto importante que había dejado de lado durante toda la excursión, un asunto que preferí mantener en el olvido para intentar disfrutar de ella sin inconveniente alguno y que, finalmente, se supone que resolvería al regresar a casa: Mi padre.
    Iba a volver a casa, a volver a verlo, y aún nos quedaban cosas por hablar. Teníamos que seguir con la conversación que dejamos pendiente.
     Sin poder evitarlo, mi mente volvió a divagar en todo lo que se me había acumulado hasta el momento. Mi padre, Nathaniel, Castiel, los sentimientos que albergaba por este último y el temor a ser rechazada, la extraña trasformación de Ashley en lobo y el haber sido atacada por ella sin escrúpulos... Sentía que se me entrecortaba la respiración, que se me hacía un nudo en la garganta, que el cuerpo se me tensaba por completo y que, el estómago, se me revolvía sin remedio.
  —Sophie... ¿te encuentras bien? —Akora se dirigió a mí totalmente preocupada, haciéndome despertar de mi ensoñación. Sin embargo, aquella sensación, en vez de desaparecer, aumentó de intensidad a tal punto que me tuve que sujetar del asiento de delante para erguirme un poco.
     V-voy a vomitar...
     Nada más decir aquello, Akora se levantó de su sitio y habló en voz alta, casi gritando, llamando la atención de todo el mundo y pidiendo que parasen el autobús de inmediato. Los profesores no tardaron demasiado en darse cuenta de lo que ocurría al echarme un vistazo y, tras hablar con el conductor, el autobús se detuvo rápidamente, aparcando a un lado del andén.
     La pelirroja me acompañó rápidamente hacia el exterior, ante la atenta mirada de todos los que se encontraban en el interior del autobús, y tan solo pisar el asfalto de la carretera y apartarnos un poco de aquel vehículo, no pude soportarlo más.
     Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos mientras las arcadas hacían que lo echase todo.

...

     Unos diez o quince minutos después, los profesores bajaron del bus para comprobar cómo me encontraba. En aquel momento nos dimos cuenta de que el conductor había colocado las señales fluorescentes precisas para evitar que ocurriese cualquier incidente y así poder continuar nuestro camino en cuanto pudiésemos. Akora me había dado un paquete de pañolitos para limpiarme, y aunque aún tenía los ojos brillosos y un ligero malestar de estómago, prácticamente se me habían pasado las náuseas.
     Los profesores nos dijeron que esperarían unos minutos más si era necesario, pero que en breves tendríamos que reanudar el viaje, ya que no podíamos retrasar más el regreso. Tras decirnos aquello, volvieron a adentrarse en el bus para tranquilizar a los demás, quienes estaban empezando a armar alboroto dentro.
     —¿Te encuentras mejor? —me preguntó la pelirroja, posando la mano sobre mi espalda y acariciándola un poco.
     Simplemente asentí, tomando uno de los pañuelos para así secarme las lágrimas que amenazaban con asomarse. La chica suspiró. Segundos después, se posicionó delante de mí, mirándome con seriedad.
   —No puedes seguir así —comenzó diciendo—, y tampoco puedes estar preocupándonos a todos de esta manera —hizo una pequeña pausa y su gesto se tornó a uno un tanto más suave—. Sophie, te aprecio mucho y quiero ayudarte, o al menos animarte de alguna forma, pero si no me dices lo que te pasa, no podré hacer nada por ti. No sabes lo inútil que me estoy sintiendo ahora mismo viéndote así, sin saber qué decirte ni qué hacer para que estés mejor.
     Las lágrimas volvieron a acumularse bajo mis párpados. Alcé la vista hacia Akora, quien me observó con cierta benevolencia y se aproximó a mí para abrazarme con fuerza. Nada más comenzar a derrumbarme tras corresponder a su abrazo, me percaté de cómo Castiel bajaba del autobús con cierta rapidez, seguido de Nathaniel y Lysandro, quienes se quedaron estupefactos al observar la escena. Ya daba igual quién me viese, lo único que quería era desahogarme.

***

     Durante el resto del viaje, Akora y yo acordamos quedar en su casa para así contarle todo lo que me atormentaba. Nathaniel había acabado sentándose junto con Lys en los asientos de nuestro lado, intentando hacernos compañía y distraernos con cualquier otra cosa. Mientras que Castiel..., bueno, se sentó justo en el asiento de delante de nosotras sin decir palabra alguna, simplemente observando hacia el frente y acuchillando con la mirada a todos los que se pusiesen a murmurar o los que mirasen hacia detrás para cotillear.
     No tardamos mucho más en llegar finalmente a nuestra ciudad. El autobús se detuvo en la parada de bus situada justo en frente del parque del ayuntamiento y, tras coger nuestros equipajes y bajar del vehículo, este volvió a arrancar y a desaparecer por el horizonte de la carretera.
     Nathaniel se acercó a nosotras para despedirse y decirme que si seguía mal, podíamos aplazar la cita de mañana para cualquier otro día hasta que me encontrase mejor; además, añadió que él estaría disponible en cualquier momento por si necesitaba hablar con alguien, y no dudó ni un segundo en ofrecerme su número de móvil, el cual acepté sin reproches. Poco después se marchó por una de las calles y observé cómo desaparecía tras girar en una esquina.
     Akora, por su parte, se aproximó a Lysandro para poder despedirse de él apropiadamente. En el momento en que fui a acercarme a ellos para hacer lo mismo y ya marcharme con la pelirroja, sentí cómo alguien me tomaba del brazo. Al darme la vuelta, acabé encontrándome con la mirada grisácea del pelirrojo. Estuvo a punto de decir algo, pero al final, sus labios entreabiertos no produjeron sonido alguno y, tras tensar un tanto el gesto, me soltó el brazo con cierta indecisión.
     Casi como en un impulso, tomé su mano al instante después de soltarme, antes de que pudiese esconderla en alguno de sus bolsillos y dejarla fuera de mi alcance. El corazón me latió con fuerza. Odiaba con todas mis ganas aquella situación. No quería estar así, no me gustaba estar apartada de él y no soportaba la idea de no dirigirle la palabra. Me gustaba, ¡claro que me gustaba! Pero el hecho de tener miedo a que pudiese llegar a rechazarme no implicaba que no pudiésemos ser amigos, que no pudiese seguir hablando con él con normalidad, que no pudiese recurrir a él cuando lo necesitase, ¿no?
     En aquel momento, prácticamente como si hubiese dicho todo aquello en voz alta o como si supiese lo que estaba pensando, el chico me ofreció una leve y tierna sonrisa. Mis mejillas se colorearon al instante, el latido de mi corazón se aceleró y no pude evitar presionar un poco la mano que tenía prisionera entre las mías.
     Alcé un tanto el rostro y tras observar sus ojos un momento, dejé que una pequeña sonrisa se dibujase en mis labios, respondiéndole a su mismo gesto.
     —Tú... —"me gustas"—, también me importas mucho —"y no sabes cuánto"—. Gracias por venir a buscarme anoche y arriesgarte de esa manera por mí. No sé qué habría hecho sin ti.
     Al parecer, el pelirrojo no se esperaba aquello, pues sus mejillas se tornaron de un color rojizo mientras apartaba la mirada hacia otro lado, un tanto avergonzado. No tardó en librarse con suavidad de mis manos para finalmente esconder la suya en el bolsillo, tal y como había predicho.
    —No hay por qué darlas —respondió volviendo a mirarme de reojo—. Lo volvería a hacer si hiciese falta.
     Aquellas últimas palabras causaron que me diese un vuelco el corazón.
      —Castiel, yo...
     —¡Hey, Sophie! —Akora acabó interrumpiéndome en el momento justo—. Nos vamos ya, ¿vienes o qué?
    —¡S-sí, sí! ¡Ya voy! —volví a mirar al pelirrojo y este hizo una pequeña mueca. Al parecer, no se le iba a pasar el cabreo con Lys y Akora tan fácilmente—. Bueno, tengo que irme. Ya nos veremos mañana en el instituto.
     El chico pareció meditar algo, pero al final simplemente asintió. Ante aquello, le ofrecí una última sonrisa para después aproximarme a la pelirroja y emprender el camino hacia su casa.

***

     Unas horas después, nos encontrábamos en mi habitación. Sophie había tomado entre sus brazos a mi pequeñín, el Señor Guillermo, y mientras lo acariciaba, comenzó a contarme todo lo que estaba rondándole por la mente sin descanso.
   Antes de todo, me comentó lo ocurrido con su padre, explicándome que aquella conversación que tuvieron se quedó a medias y que, nada más llegar a casa, tendría que reanudarla si es que quería saber lo que ocurrió para que su padre se hubiese mantenido 10 años sin siquiera comunicarse con ella. La actitud de su madre, su padre sintiéndose impotente al no poder hacer nada para poder ver a la pequeña Sophie y el accidente que finalmente tuvo cuando estuvo a punto de ir a verla después de casi 2 años.
   Obviamente, la conversación que seguiría tenía mucho más trasfondo, pues aunque tuviese aquel accidente de autobús, no creo que se llevase demasiado tiempo en el hospital. Todo aquello comenzaba a parecerme bastante extraño, pero preferí no comentar nada y dejar que Sophie siguiese contándome sus pesares.
     Con aquel detalle, me aclaró el por qué la encontramos con Castiel en la habitación, durmiendo juntos, pues el pelirrojo le había sido de apoyo en aquel momento para no derrumbarse el resto de la excursión por el tema de su padre.
     Lo más retórico de todo aquello era que el siguiente tema por el que estaba mal, era justamente por el pelirrojo, y sinceramente, no me lo podía creer. ¡Le gustaba Castiel! ¡Le gustaba de verdad! La chica se sonrojó al afirmarlo, pero momentos después, su rostro volvió a dibujar un gesto triste, y tal y como me esperaba, el chico lo había hecho adrede. Había dicho aquella frase justo para alejarla de él. Lo que no entendía era el porqué, pero parecía que tal y como nos dijo a Lys y a mí, era verdad que no le conocía lo suficiente. Al menos por mi parte. Lysandro seguramente conocería sus motivos y por ello no quiso comentar demasiado sobre ello, pues después de todo, eso no le incumbía a él decirlo.
     En aquel momento, Sophie estaba dolorida. Había recibido un "no" por respuesta sin siquiera haber expresado sus sentimientos, y justo en el preciso momento en el que los había podido aclarar por completo. Podía entender lo que sentía. Yo misma lo había estado viviendo desde que conocí al peliblanco, y no ha sido hasta ahora que no he podido llegar a dar un paso más.
     Tras esto, me comentó lo que había decidido, y era el darle una oportunidad a Nathaniel y ver cómo iba la cosa, y si iba bien, sería la ocasión ideal para intentar dejar de lado los sentimientos que sentía por el pelirrojo.
     Mis palabras en cuanto a este tema fueron duras y claras. "Si no llegas a sentir nada por Nathaniel incluso después de haberlo intentado, corta cualquier esperanza que tenga contigo, pues cuanto más tiempo pase, peor lo pasará él y peor te sentirás tú por haberlo rechazado", fue lo que le dije. Sophie, en respuesta, asintió sin decir nada más. Parecía que era consciente de el hecho de que iba a utilizar en cierta manera al delegado para aliviar su dolor, así que no volví a insistir ni a comentar nada más. Ya lo que hiciese de ahora en adelante, era decisión suya, pues yo ya le había dicho mi punto de vista y sabía las consecuencias que conllevarían cada acción que llevara a cabo.
     Y, finalmente, llegamos al "quid" de la cuestión. En un principio, no supo cómo explicarse del todo y parecía un tanto reacia a querer contarlo, pero tras varios rodeos diciendo que la tomaría como a una loca, al fin me lo contó. Me relató cómo la conversación con Ashley pasó de ser un simple diálogo a una auténtica persecución y que, la peliazul, en realidad era un licántropo.
     Mi gesto se descolocó un tanto y no supe cómo responderle a aquello. De hecho, ¿debía contestarle siquiera?
     Tras aquella declaración, nos mantuvimos en silencio durante algunos minutos, pero finalmente Sophie volvió a romperlo con la mirada gacha.
     —¿No me crees?

sábado, 11 de noviembre de 2017

Capítulo 25

     Tras el reencuentro, las regañinas y un leve descanso, procedimos a volver a la cabaña. En todo el camino, no pronuncié palabra alguna, y al contrario que la vez en que nos dirigíamos a la estación de esquí, me mantuve únicamente al lado de Nathaniel en todo momento, intentando evitar las miradas furtivas de Akora y Lysandro y, sobre todo, el toparme con los ojos del pelirrojo.
     "Porque... es lo que hacen los amigos, ¿no?". A causa de aquellas palabras, me era imposible el no sentirme avergonzada y rechazada a la mismo tiempo, aun sin haber recibido una respuesta clara a la cuestión que realmente quise formularle. Sabía que estaba dolida sin razón, sin un motivo ni un argumento bien fundamentado, pues ni siquiera yo estaba segura de mis sentimientos hasta aquel momento; sin embargo, el solo imaginar al chico rechazándome e intentando decirme que no me veía de aquella forma, me echaba totalmente para atrás y me hacía sentir aún más decaída de lo que ya estaba.
     Por otra parte, una vocecilla en mi interior me decía que aquellas palabras que tanto me habían afectado no eran propias del pelirrojo. Sentía que Castiel había pasado de querer conocernos más a intentar construir un pequeño muro entre los dos. No entendía por qué me había dicho que le importaba cuando quiso saber lo que me atormentaba a principios de la excursión y que, ahora, al preguntarle directamente por qué había ido tan lejos por mí, simplemente me hubiese contestado con un "es lo que hacen los amigos".
     En lo que había transcurrido de excursión, no ha habido apenas una situación en la que me viese solo como una simple amiga. Cada vez que me consolaba, cada vez que me abrazaba y me aferraba a su pecho con ese temor a perderme, ¿realmente lo hacía solo porque "era su amiga"? ¿No lo hacía por nada más? No lo entendía... Me era imposible entenderlo.
     ¿A caso me había equivocado analizando sus gestos, sus acciones y sus palabras? ¿Puede que me estuviese volviendo egocéntrica al pensar que pudiese tener esos sentimientos por mí y no por cualquier otra persona?
     Un torbellino de pensamientos se apropió de mi ser. Sentía que a cada paso que daba, más desanimada me sentía por todo ese asunto. Era consciente de que estaba haciendo una montaña de un simple grano de arena, pero mi mente no parecía querer darme tregua alguna.
     En medio de toda aquella abatida, una tenue y cálida luz consiguió hacerme despertar de mis más remotos pensamientos. Nathaniel me había tomado de la mano y la había presionado con suavidad para captar mi atención. Sus ojos me observaron con preocupación.
     —Sophie, ¿estás bien?
     Nada más alzar la vista hacia él, el chico detuvo su caminata, haciéndome parar también. El rubio no se esperaba verme con los ojos brillosos a causa de las lágrimas que se habían acumulado en ellos.
     Observé con detenimiento aquellos orbes ambarinos del delegado, dejándome embaucar por ellos y por la calidez que me transmitían. Mis labios se curvaron en una pequeña y tímida sonrisa y, a la vez que una traviesa lágrima lograba escapar de mis ojos, acabé aproximándome al chico y apoyando la cabeza sobre su pecho, tirándole suavemente de la camiseta con mi mano restante.
     —Sí quiero —dije sin más.
     El rubio no supo cómo reaccionar. No se esperaba para nada que hiciese aquello y ni siquiera sabía a qué era a lo que me refería con aquella afirmación. Su rostro se enrojeció un tanto e intentó preguntarme a qué venía todo aquello, pero antes de que pudiese formar aunque sea una palabra, me adelanté a él.
     —Quiero tener esa cita contigo, Nath.

***


     —¿Se puede saber qué has hecho, Castiel? —le di un pequeño empujón, molesta por su actitud.
     De camino a la cabaña, Lysandro, Castiel y yo nos habíamos quedado un tanto apartados de Sophie y del delegado, quienes parecían estar absortos en su mundo, la chica perdida en sus pensamientos y el chico observándola con preocupación. En un momento dado, se habían detenido y, cuando quisimos darnos cuenta, el rubio estaba abrazando con fuerza a Sophie tras haberla escuchado decir algo.
     No sabía con certeza lo que le había dicho al rubio, pero estaba segura de que aquella situación significaba que se había decantado finalmente por él. Lo que no entendía era el porqué se había decidido por él cuando Castiel se había arriesgado a tal punto como para ir a por ella en medio de una tormenta y habían pasado supuestamente la noche juntos.
     Estaba segura de que el pelirrojo la había pifiado en algún momento y, nada más llegar a la cabaña, nos apartamos y procedí a saber qué es lo que había ocurrido, pero el chico parecía totalmente indiferente y estaba casi ido tras todo lo sucedidio. Ni siquiera mostró reacción alguna tras recibir mi empujón.
     —...Solo he hecho lo que tenía que hacer. Es mejor así.
     —¿En serio? —incrédula, respondí con sorna y lo observé con detenimiento—. Después de montar todos los numeritos que has montado por tal de que Sophie no se acercara tanto a Nathaniel, ¿y ahora vas y los juntas? ¿Se puede saber qué es lo que te pasa en la cabeza? ¿Tienes resina en el cerebro o qué?
     —No lo entiendes... No puedes entenderlo de todas formas.
     —¿El qué debería entender? ¿Que eres un maldito licántropo cobarde y estúpido?
     La mirada de Castiel ascendió rápidamente, sorprendido de que dijese aquellas palabras y noté cómo la mano de Lysandro se posaba sobre mi hombro, intentando calmarme. La acababa de pifiar.
     —...—el pelirrojo alternó la mirada entre Lysandro y yo para finalmente fruncir el ceño—. ¿Se lo has dicho? ¿En serio? —escupió con rabia mirando al peliblanco.
     —Castiel. Tenía que saberlo —respondió, intentando defendernos a ambos y calmar los ánimos—. La conocemos de hace ya más de un año. Es nuestra mejor amiga y aliada. No es propio seguir ocultándole la verdad.
     —¿Qué verdad, Lys? Aquí lo único que está claro es que descubrió tu secreto. El tuyo, no el mío. ¿Qué derecho tienes a decirle nada sin mi consentimiento? —el pelirrojo dio un paso hacia delante, furioso. Su mirada era gélida y afilada como la de un cuchillo.
     Lysandro, a su par, me puso detrás de él y dio el mismo paso hacia delante, quedándose frente a su mejor amigo.
     —No tenía tu consentimiento, eso es cierto. Sin embargo, ¿te crees que se quedaría tranquila al haberte visto irte de aquella manera cuando te dijo que Sophie había ido a hablar con Ash? Una persona normal, en una tormenta como aquella, cogería una severa hipotermia, pero en tu caso...
     —¿En mi caso qué? Eso no es excusa para desvelarle nada por tu propia cuenta. Desde que habéis empezado a tontear entre vosotros, estáis más estúpidos que de costumbre —apretó la mandíbula por un momento, asqueado de toda aquella situación—. ¿Y ahora qué pasa si dentro de poco lo dejáis? ¿Qué pasa si os enfadáis el uno con el otro? Ahora por tu culpa, si ocurre eso, estaremos expuestos, imbécil.
     —Eso no es verdad —irrumpí en la discusión, volviendo a ponerme frente a Castiel—. Yo no desvelaría nada a nadie por mi cuenta. ¿Acaso te crees que voy contando las cosas de los demás sin ton ni son? ¿Es que no me conoces o qué?
     —Tú sí que eres la que no me conoce a mí, niñata —la voz del pelirrojo se agravó en aquel momento al mismo tiempo que echaba el cuerpo para delante. Lysandro volvió a ponerme detrás de él para prevenir cualquier cosa.
     Castiel apretó los puños al ver aquel gesto. Alternó la mirada entre los dos una vez más y cuando parecía que iba a explotar del cabreo y soltarnos cualquier cosa, su cuerpo se destensionó un tanto y suspiró, volviendo a decaer su expresión.
     —Está claro que no me conocéis para nada.
     Aquella fue la última frase que dijo antes de dirigirse hacia la salida de la cabaña y salir de allí dando un portazo.

     Tras aquella escena, tuvimos que encubrir a Castiel y calmar a los profesores y a los monitores, diciéndoles que el chico solo iba a caminar un rato, ya que estaba algo estresado y necesitaba calmarse.
     Por mi parte, me disculpé con Lys por haber provocado todo aquello, pero el chico me respondió diciéndome que no era culpa mía y que esto era algo que sucedería tarde o temprano. Además, me confesó que en todo caso, él debería ser quien se disculpase con el pelirrojo, ya que con el gesto que hizo por último, le dio a entender a su amigo de que no se fiaba de que me atacase y eso, no era cierto. Le había hecho daño sin quererlo y, en vez de solucionar las cosas, había acabado provocando una disputa entre ellos.
     Al cabo de un rato, los monitores procedieron a entregar los premios de las fotos ganadoras, cinco fotos ganadoras para ser exactos, tal y como habían prometido al principio de la excursión.
     En un principio, comentaron los premios a elegir. Los cinco ganadores tendrían la opción de elegir entre un ticket para comer gratuitamente en un buffet libre junto con alguien más, un par de entradas para ir al cine o unas entradas gratuitas a una especie de planetario. Todas estas instalaciones se encontraban en la ciudad vecina de donde vivíamos, así que no sería ningún problema ir hasta allí.
     De uno en uno, fueron nombrando a los ganadores. La segunda foto ganadora pareció ser la que echaron Nathaniel y Sophie, aquella de una pequeña ardilla montada en un árbol y con el hocico ligeramente cubierto de nieve. El chico dudó al elegir premio, pero finalmente escogió las entradas de cine. Nada más tomarlas, le dedico una pequeña sonrisa a Sophie, quien le respondió con otra con timidez.
     No sabía si alegrarme o entristecerme ante aquella situación. Me sentía feliz por Sophie, ya que parecía que estaba contenta de haberle dado una oportunidad al delegado, pero no podía evitar sentirme mal al recordar al pelirrojo. Me hubiese gustado que Castiel y ella avanzasen un paso más, ya que parecía que estaban bastante más unidos y, aun así, el pelirrojo había decidido dar marcha atrás.
     —Y el último ganador es... Castiel Degoxs.
     Al escuchar aquel nombre de la boca del monitor, mis ojos se quedaron como platos. Ni siquiera sabía que hubiese llegado a participar en la actividad, y encima de hacerlo por una vez, ganaba. Lo peor de todo es que ahora mismo no se encontraba allí.
     —Bueno, eso es todo. Esperaremos a que vuelva el chico para que escoja el premio. De momento, os informamos de que tenéis el día libre hasta dentro de unas dos horas aproximadamente, momento en el que procederéis a recoger las cosas, ya que el autobús os estará esperando para volver a casa. Esperamos que os hayáis divertido y no dudéis en volver si queréis repetir la experiencia una vez más.

***

     Las horas que teníamos libres pasaron rápidamente, algo que agradecí. En todo aquel tiempo, me había mantenido al lado de Nath, intentando distraerme y evitar hablar con Akora, ya que estaba segura de que nada más acercarme a ella, me avasallaría a preguntas sobre lo sucedido, y lo cierto era que en aquel momento no me sentía demasiado animada para hablar del tema.
     En aquel momento, Castiel volvió a aparecer por la cabaña, sin embargo, no cruzó miradas ni con Akora, ni con Lysandro ni con nosotros dos. Estuvo a punto de dirigirse rápidamente hacia su habitación cuando los monitores le retuvieron para hablar con él sobre la fotografía que había echado y entregarle su premio. El chico miró las opciones con desgana y seleccionó una de las tres opciones sin darle mucho interés. Después, no dudó en despedirse para retomar su camino.
     Tras aquella conversación, los monitores comenzaron a avisarnos a todos para ir recogiendo nuestras cosas de las habitaciones. Suspiré sin mucho ánimo, sabiendo que nada más llegar a la habitación, me encontraría con la mirada inquisidora de la pelirroja y procedí a despedirme de Nath diciéndole un "nos vemos en el autobús", a lo que él respondió con un asentimiento y una pequeña sonrisa.
     Con pesadez, comencé a dirigirme hacia la habitación, casi arrastrando los pies, y nada más cruzar la puerta, mi profecía se cumplió. Akora desvió la mirada de la maleta para situarla sobre mí, sin embargo, no dijo nada. Por el contrario a lo que yo me esperaba, siguió recogiendo sus cosas y ordenándolas con cuidado en su maleta.
     Me aproximé a ella y, tras agacharme a su lado, tomé mi maleta de debajo de la cama.
     —...Siento haberos evitado —comencé diciéndole mientras abría la maleta y comenzaba a recoger mis cosas—. Sé lo que vas a preguntarme, pero ahora mismo no tengo muchas ganas de hablar sobre ello.
     —Pensé que estarías más animada tras haberte decidido... —se mantuvo en silencio durante unos segundos, y al notar que se me ensombreció un tanto el rostro, intentó cambiar de tema—. ¿Quieres sentarte conmigo en el autobús? No sacaré el tema de lo que ha ocurrido ni preguntaré nada. Solo quiero contar algunas cosas que han pasado y que sinceramente me muero por contarle a una amiga a la que aprecio mucho —tras aquellas palabras, no pude evitar sonreír.
     —Claro, me encantaría. Y, Akora... —la chica me miró con una sonrisa de oreja a oreja—, gracias.

domingo, 8 de octubre de 2017

Capítulo 24

     Tras habernos reunido a todos, nos organizamos para poner los sacos en unas cuantas filas de forma paralela respecto a los demás para estar bien situados, poder aprovechar el espacio lo máximo posible y así caber todos en la estancia.
     Me había dirigido momentáneamente al baño para asearme y, a la vuelta, pude vislumbrar cómo los últimos compañeros iban terminando de colocar sus respectivos sacos en el suelo para finalmente meterse en ellos. La mayoría de los sacos eran individuales, mientras que los grandes eran compartidos por un par de amigos o por alguna pareja.
     No tuve que buscar demasiado para finalmente encontrar a Lysandro. Su cabellera plateada era indudablemente más notable que la de los demás. Por otra parte, he de admitir que, además de que era uno de los pocos que tenía un color de pelo tan llamativo, me era bastante sencillo encontrarlo entre la multitud.
     Sonreí tontamente al recordar nuestro beso de hacía tan solo unos minutos y no dudé en aproximarme hacia el chico, quien ya se hallaba recostado dentro de nuestro saco de dormir, manteniendo este desabrochado para cuando yo volviese.
     Al notar mi presencia, alzó un tanto la mirada para poder observarme y, tras aquello, se removió un poco con el objetivo de hacerme algo más de hueco, a la par que fijaba su vista en mí con cierta inquietud. Sin más dilación, me agaché momentáneamente para después sentarme en el suelo y así poder quitarme los zapatos.
     Ahora que lo pensaba, esta sería la primera vez que dormiríamos juntos. Si bien era cierto, hubo algunas ocasiones en las que nos quedamos a dormir en casa de Castiel tras pasar allí la tarde viendo películas y comiendo palomitas, pero esto era distinto. Allí, nos quedábamos dormidos siempre en el sofá, y hubo alguna que otra vez que Castiel se quedó frito en el suelo junto a Demonio. Sin embargo, esta vez, Lysandro y yo compartiríamos cama, o mejor dicho, saco, y nuestra relación había dado un enorme paso hacia delante. Prácticamente no se podía comparar con las veces que dormimos en casa del pelirrojo. No era lo mismo.
     Desvié la vista hacia el peliblanco y este me devolvió la mirada con cierto fulgor en sus ojos. Mi corazón comenzó a hacerse notar con sus incesantes latidos, pero no dejé que aquello me frenase. Sin dudarlo un momento más, me aproximé a él y me adentré con cierto nerviosismo en el saco, cerrando la cremallera para no coger frío y quedándome a tan solo un palmo del cuerpo del chico.
     Me giré hacia él, agachando un tanto la cabeza. Observé cómo su pecho se movía al compás de su respiración. Volví a alzar la vista hacia su rostro, y nada más hacerlo, sus labios acabaron sellando los míos con dulzura. Mi cuerpo se estremeció y noté cómo el corazón me volvía a dar un vuelco.
     Cuando quise darme cuenta, sus brazos me habían rodeado por completo, haciendo que posase mi cabeza sobre uno de ellos y estrechándome con cariño contra su pecho.
     Buenas noches, Akora terminó por susurrar con suavidad tras separar lentamente sus labios de los míos.

***

     A cada paso que daba, la fatiga iba apoderándose cada vez más de mí. Intentaba huir todo lo rápido que podía, pero en un momento dado, tropecé y acabé dejándome caer en la nieve. Mi cuerpo dejó de responderme al instante. Me costaba respirar y el sudor estaba comenzando a hacerme sentir el frío invernal de aquella montaña. No podía más.
     A penas podía moverme. Los minutos pasaron y mi cuerpo comenzó a temblar sin poder evitarlo. No sabía si realmente los había perdido de vista o no, pero esa duda se desvaneció al escuchar pasos cerca de allí.
     Aquel lobo... me había alcanzado.

     Me desperté de golpe totalmente alarmada, aún creyendo que seguía en peligro. La imagen de aquel lobo acercándose a mí pasó instantáneamente por mi mente, haciéndome estremecer del miedo. ¿Había sido solo mi imaginación o realmente acabó encontrándome? Aunque, ahora que lo pensaba, estaba totalmente ilesa. ¿Qué había ocurrido exactamente después de que me desmayase?
     Observé un momento mi alrededor, descubriendo que me hallaba en una especie de cueva, resguardada del frío, y que al parecer, la tormenta había amainado casi por completo. Aunque aquello no fue lo que captó realmente mi atención. Lo que me sorprendió fue verme en brazos del pelirrojo y que este siguiese durmiendo a pesar del sobresalto que había tenido al despertarme.
     ¿Cómo diantres había llegado hasta allí? ¿Cómo me había encontrado? Y lo que es más, ¿se habría encontrado con aquellos lobos por el camino?
     Cientos de dudas comenzaron a amontonarse en mi mente, sin embargo, todo se disipó al escuchar al chico gruñir de un momento a otro, sorprendiéndome al notar cómo repentinamente comenzaba a estrecharme contra él.
     Mi rostro enrojeció por completo, y aún más al notar su respiración hacerme cosquillas en el cuello. No sabía cómo reaccionar en aquel momento. El corazón comenzó a acelerárseme sin poder evitarlo.
     —C-Castiel.
     —... —el chico volvió a gruñir. Primero, movió ligeramente la cabeza, comenzando a despertarse, sin embargo, cuando pareció espabilarse del todo, removiéndose un tanto en el sitio, acabó profiriendo un pequeño bufido de dolor.
     Intenté girarme nada más escucharlo, pero el chico reafirmó su agarre, impidiéndome cualquier movimiento, y acabó soltando un pequeño suspiro.
     —Idiota... —dijo sin más en un murmullo, con la voz un tanto ronca.
     Me quedé callada, sin saber qué responderle, sintiéndome culpable por todo lo sucedido y, a la misma vez, notando cómo el corazón se me iba acelerando por momentos. Sus brazos me volvieron a estrechar contra él sin ejercer demasiada fuerza, no sé si para no hacerme daño o porque no tenía demasiadas energías para hacerlo, pero simplemente me atrajo hacia él. Su cabeza acabó apoyándose en uno de mis hombros, haciéndome estremecer al notar su respiración tan cerca de mi oído.
     —No vuelvas a darme estos sustos... —suspiró, aparentemente aliviado—. Estaba... —se corrigió—. Estábamos muy preocupados por ti, imbécil.
     Volvió a insultarme, mas no me enfadé por ello. Tenía razón. Había sido una completa estúpida.

***

     Al cabo de un rato, tras fijarnos en que ya había salido el sol, nos encontrábamos ya fuera de aquella cueva, alejándonos de ella en busca de la cabaña. Castiel no quería admitirlo, pero estaba claro que se había hecho daño en uno de sus brazos y, al parecer, también en el tobillo, pues cojeaba un poco al andar. Estaba segura de que le estaba costando mucho el caminar por la nieve.
     Sin previo aviso, me aproximé a él y lo tomé del brazo, haciendo que me rodeara los hombros con él para que me usase de apoyo para andar. En un principio, se dispuso a negar mi ayuda, pero al rato, se dejó llevar.
     En el camino que llevábamos, no hubo conversación alguna. Ambos nos mantuvimos en silencio. Por mi parte, mi cabeza no paraba de darle vueltas a todo. A la regañina que nos iba a caer, lo preocupados que estarían todos, al hecho de que Ashley fuese un monstruo,  el que aquel lobo plateado me hubiese salvado, el que Castiel se hubiese arriesgado de tal manera al ir a buscarme y... a la proposición de Nathaniel. Mi cabeza parecía una bomba a punto de explotar, sin embargo, al cabo de un rato acabó disipándose todo excepto una cosa.
     Desvié la mirada hacia el pelirrojo momentáneamente. "¿Nathaniel o... él?".
     —...Nathaniel me ha pedido tener una cita con él —comenté repentinamente.
     Al instante, Castiel detuvo su paso. Se mantuvo un momento en silencio y noté cómo su brazo se tensaba por completo.
     —¿Y qué? —escupió aquella pregunta con desdén, sin ocultar lo más mínimo su furia.
     —... —medité un momento lo que estaba por decir, pero finalmente, lo dejé ir—. Solo... quería saber qué pensabas tú al respecto.
     Nada más decir aquello, eché un vistazo a su rostro. Lo único que pude ver en él, fue el disgusto dibujado en su gesto.
     —¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Eres imbécil? —sus palabras sonaron más afiladas de lo que pensé, y no pude evitar encogerme al escucharlo.
     Aquello estaba saliendo mal. Mi intención no era hacerlo enfurecer. Había escogido las palabras erróneas para mi cometido. Yo lo único que quería... era saber qué era lo que sentía el pelirrojo por mí. Sin embargo, me acobardaba la idea de preguntárselo directamente.
     —¿Por qué te has arriesgado a tal punto como para encontrarme?
     Su gesto pareció suavizarse un poco. Se mantuvo un momento en silencio, meditando, sin embargo, la respuesta que me dio a continuación, fue como un balde de agua fría.
     —Porque... es lo que hacen los amigos, ¿no?
     Noté una punzada en el corazón al escuchar aquello. ¿Era así como me veía? ¿Como una simple amiga? Para cuando quise contestar y preguntarle si era realmente así, una voz a lo lejos captó nuestra atención.
     Era uno de los monitores, Carole. Nos había encontrado.


***

     Como era obvio, recibimos una eterna regañina, tanto de parte de los monitores como de los profesores. Akora, al vernos, se abalanzó sobre nosotros, pero lo que inicialmente parecía ser un abrazo, acabó convirtiéndose en dos pequeños golpes para cada uno. Lysandro, por el contrario, se comportó más formalmente y se alegró de que ambos estuviésemos bien.
     Nadie se había dado cuenta de que Castiel estaba herido, este mismo se había asegurado de que no se percataran de ello. Nada más encontrarnos la monitora, se separó de mí al instante y se mostró totalmente indiferente al dolor, intentando actuar normal frente a todos.
     Con respecto a Ashley, parecía haber vuelto la noche anterior, aunque no se dejó ver. Lo único que dejó fue una nota diciendo que sus padres la habían recogido y en la que se disculpaba por haberse ido tan repentinamente. Los monitores y los profesores, para asegurarse, llamaron al teléfono de sus padres para confirmarlo y, por lo visto, era cierto.
     Justo en aquel momento, noté cómo el pelirrojo se percataba de algo, y nada más verlo, se alejó de nosotros. Desvié la vista hacia donde había estado mirando el chico y acabé encontrándome con los ojos ambarinos del delegado, quien al verme, no dudó ni un instante en aproximarse rápidamente hacia mí y rodearme con fuerza con sus brazos.
     —Cómo me alegro de que estés bien —murmuró en mi oído sin ocultar ni un ápice su alivio.
     En aquel momento, no pude negar aquel cálido abrazo. Por el contrario, me apegué a él, respondiéndole de la misma forma y ocultando el rostro en su pecho.
     El dolor que sentía en mi corazón me lo había confirmado. Me había dado cuenta de que no era Nathaniel quien me gustaba. Sin embargo, en aquel instante, lo único que necesitaba para lograr tranquilizarme era aquello. Alguien que me arropase entre sus brazos con fuerza y cariño.


martes, 22 de agosto de 2017

Capítulo 23:

     Tras habernos reunido a todos en la estación de esquí, los monitores comenzaron a hacer el recuento de alumnos y no tardaron en percatarse de que tres de nosotros no se encontraban presentes: Castiel, Sophie y Ashley. Preguntaron a los demás alumnos si sabían dónde se encontraban, pero ninguno supo qué responder.
     Lysandro y yo estábamos notoriamente preocupados y, al final, decidí comentarle la situación a los monitores. Les comenté que aquella chica llamada Ashley le había dicho a nuestra amiga que quería hablar un momento con ella, pero que nunca pensé que se fueran a alejar del lugar. Por otra parte, también les dije que nada más comentárselo al pelirrojo, este había ido en su busca.
     Nathaniel, al escuchar todo aquello, cambió completamente de gesto, y noté cómo la preocupación y la angustia se dibujaban en su rostro. No tardó en comenzar a discutir con los profesores y con los monitores para ir en busca de aquellos tres, pero sin duda alguna, por la que realmente estaba preocupado, era por Sophie. Además, pude notar cierta culpabilidad en su gesto, como si pensase que si se hubiese quedado con ella en vez de marcharse tras la pequeña charla que tuvieron, Sophie no estaría en aquella situación.
     Sin embargo, por mucho que trató de convencerlos, no consiguió nada de su parte. Los monitores argumentaron que ya se había hecho de noche y que fuera se había desatado una repentina tormenta. No era seguro salir a buscarlos en aquel momento y, de hecho, tampoco podíamos dirigirnos a la cabaña.
     Escuchad chicos Mark captó la atención de todos los presentes, manteniendo el gesto serio y la mente fría. Siento deciros que por ahora no podremos hacer nada por vuestros compañeros. Si no hubiese empezado esta tormenta, podríamos habernos planteado el ir a buscarlos con linternas, pero como podéis comprobar vosotros mismos, ni siquiera es seguro salir de aquí para dirigirnos a la cabaña hizo una pequeña pausa, dirigiendo la mirada hacia una de las ventanas y notando cómo esta profería pequeños golpes a causa del viento. En ocasiones así, es mejor mantener la calma y esperar a que amaine la tormenta o a que amanezca para buscarlos. Por lo general, cuando alguien se pierde por la montaña en la noche, lo solemos encontrar sano y salvo al día siguiente, puesto que los animales de los alrededores no suelen ser agresivos y, aunque la tormenta es algo fuerte, no les hará ningún daño extremo. Como mucho, vuestros compañeros sufrirán una leve hipotermia a causa del frío, pero si son inteligentes, lograrán conservar el calor. Por nuestra parte, hoy descansaremos aquí. En el almacén guardamos suficientes sacos de dormir para prevenir situaciones como esta, pero tal vez debáis compartir alguno, ya que no estoy seguro de si habrá para todos tras echarnos un vistazo a todos, continuó. Respecto a la cena, aquí también hay servicio de cafetería, pero solo ofrecen desayuno y merienda, por lo que os tendréis que conformar con eso su mirada, volvió a instaurarse en Nathaniel, quien parecía estar en su mundo mientras observaba la salida de la estación de esquí con fijeza. Mark no tardó en posar la mano sobre su hombro, principalmente para que no hiciese ninguna tontería y, por otra parte, para que atendiese a lo que estaba diciendo. Sé que esto no estaba dentro de los planes de la excursión y que estáis muy preocupados por vuestros compañeros, pero como ya he dicho, es mejor mantener la calma e intentar descansar por ahora. Eso es todo.
     El murmullo de los presentes no se hizo esperar. Era cierto que estaban ciertamente más tranquilos tras el pequeño diálogo de Mark, pero eso no impedía que los curiosos comenzasen a teorizar sobre lo ocurrido.
     Por nuestra parte, nos mantuvimos en el sofá en el que nos habíamos sentado, cada uno perdido en sus propios pensamientos. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo. ¿Por qué se habían alejado tanto de la estación de esquí si ya habían empezado a llamar a todos debido al toque de queda? ¿Y por qué había salido Castiel corriendo tras ellas con aquella angustia en su mirada? ¿Acaso estaba Sophie en peligro? No podía evitar estar más y más preocupada a cada duda y a cada pregunta que se me venía a la cabeza. ¿Y si le había pasado algo?
     —Lys —me giré hacia él con la angustia dibujada en mi gesto y no dudé en decirle lo siguiente—, quiero que me cuentes qué es lo que está pasando. No quiero ser la única la margen de todo esto, y aún menos si le ha ocurrido algo malo a Sophie.
     El chico me mantuvo la mirada por unos instantes y, finalmente, suspiró—. Está bien, pero será mejor que nos dirijamos a un lugar más tranquilo...

***

     La oscuridad había ensombrecido todo el paraje. La tormenta continuaba como si no quisiera amainar nunca, y la nieve seguía cayendo sin cesar. Apenas se podía distinguir nada miraras por donde miraras, y a pesar de que la luna pareciese intentar asomarse para alumbrar un poco el lugar, las nubes se lo impedían descargando toda su furia. En ese momento, los centelleantes relámpagos eran los únicos que iluminaban brevemente la zona, dejando tras de sí el tardío y sorprendente sonido de sus correspondientes truenos.

     La persecución parecía estar llegando a su fin. A pesar de que las huellas y el rastro de la chica se habían estado desvaneciendo rápidamente debido a la tormenta, esto no impidió que aquel lobo no lograse alcanzarla de un momento a otro. Sin embargo, cuando creía haber llegado hasta ella, el rastro se disipó por completo.
     Desesperado, comenzó a mirar a su alrededor, agudizando la vista todo lo que pudo e importándole bien poco la oscuridad. Tras unos pocos segundos, acabó fijándose en que a tan solo unos pasos más adelante, había una figura extraña recostada en el suelo. No dudó ni un instante en aproximarse rápidamente hacia allí y en percatarse de que, tal y como sospechaba, aquella figura era nada más ni nada menos que el cuerpo tembloroso de Sophie.

***

     —Entonces... ¿me estás diciendo que Castiel es un hombre lobo?

     —En resumidas cuentas sí, es un licántropo.
     Me quedé mirando a Lys totalmente estupefacta con lo que me acababa de comentar y sin poder terminar de creerlo del todo. Todavía estaba algo traspuesta al haber descubierto que el chico del que había estado enamorada era un vampiro, pero ahora... ¿Castiel? ¿Un licántropo? Lo único que me faltaba ahora era que, de repente, Nathaniel resultase ser una sirena.
     Lysandro y yo habíamos aprovechado la oportunidad que nos había brindado Mark al indicarnos que fuésemos a recoger los últimos sacos de dormir que quedaban en el almacén para poder hablar en privado con algo más de tranquilidad. El chico me comentó que Ashley también resultaba ser un licántropo y que, a pesar de haber cortado la relación que mantuvo con Castiel hacía tiempo, había mantenido cierta obsesión por él, más o menos como la actitud que tenía Ámber a día de hoy con el pelirrojo.
     —E-es decir, que Sophie... —de tan solo pensar en que estuviese en peligro, se me formó un terrible nudo en la garganta que me impidió decir nada más.
     El albino, al verme en tal estado, se aproximó a mí con delicadeza y no dudó en rodearme con sus brazos y abrazarme con fuerza.
     Nos mantuvimos así un buen rato, en silencio, pero finalmente me recordó que Castiel había ido tras ellas y que estaba seguro de que este había protegido con todas sus fuerzas a Sophie. Sin embargo, a pesar de sus palabras, no pude evitar pensar en lo que les podría haber ocurrido tanto a Sophie como a Castiel, y aún más teniendo en cuenta la terrible tormenta que había afuera.
     Repentinamente, se escucharon unas voces fuera y, al instante, vimos cómo un compañero de nuestro instituto se adentraba en la habitación. Se puso un tanto nervioso al percatarse de nosotros y no dudó en apresurarse en tomar un saco de dormir individual y salir del lugar lo más rápido posible, creyéndose falsamente que había interrumpido una situación amorosa o algo por el estilo.
     Lys y yo nos alejamos un poco sin terminar de separarnos del todo y el silencio volvió a reinar en la sala nada más marcharse aquel chico.
     —Será mejor que volvamos —acabé diciendo, apartando un tanto la mirada—. Tenemos que coger los sacos de dormir.
     —... —el albino se separó de mí al reparar en algo y, tras aproximarse a un lugar en concreto, su voz volvió a hacerse sonar con cierto nerviosismo—. A ti... ¿te importa si dormimos juntos?
    Un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo al escuchar aquello. Lo volví a mirar estupefacta y no dudé en aproximarme hacia donde él para fijarme en que solo quedaba un saco de dormir de los grandes. Aquel chico que acababa de entrar, se había llevado el último individual que quedaba. No supe qué contestar en aquel momento. Mis mejillas no tardaron en enrojecerse por completo.
     —...Ha sido una propuesta inapropiada, perdona —se apresuró en disculparse al no recibir respuesta de mi parte y, con el rostro sonrojado, giró sobre sí, dirigiéndose hacia la salida del almacén—. Utilízalo tú. No tengo problema alguno con dormir en el suelo.
     —¡E-espera! —me apresuré a deternerlo, tirando con cierta timidez de su chaqueta y, avergonzada y sin poder creerme lo que estaba por hacer, le dije lo siguiente—. N-no me importa compartirlo. No me gustaría que cogieses frío o que durmieses mal solo por ser considerado conmigo.
     El chico volvió a voltearse hacia mí, dejándome ver su rostro ligeramente sonrojado y observé cómo sus ojos me miraban con cierta duda pero a la vez con cierto brillo en ellos. Mi corazón comenzó a latir cada vez más nervioso a cada segundo que transcurrió observándome en silencio.
     En ese momento, una de sus manos se aproximó lentamente hasta finalmente posarla en mi mejilla, acariciándola con suavidad mientras se acercaba unos pasos más a mí. El cosquilleo de sus caricias en aquella mejilla me hizo estremecer, haciendo que un agradable escalofrío me recorriese por todo el cuerpo y que el corazón me palpitase aún con más fuerza.
     —...Sé que no es el mejor momento para esto, pero... su voz se había vuelto un tanto más suave y, su gesto, me pareció de lo más tierno y hermoso que pude ver hasta ahora—, tengo unas ganas terribles de besarte.
     Aquellas palabras me hicieron sonrojarme por completo. En mi mente, imaginé cómo mi corazón era atravesado una y otra vez por la simbólica flecha de cupido, simulando los rápidos latidos que este profería al haber escuchado tal cosa salir de sus labios... De esos labios que tan apetecibles se me estaban haciendo.
     Su mano se deslizó por mi rostro con sutileza, acariciándola, deleitándose con la ligera y fina textura de mi piel. En un momento dado, comenzó a aproximarse con lentitud. Sin dudarlo un momento más, apoyé las manos sobre sus mejillas, guiando delicadamente su rostro hacia el mío y, entrecerrando los ojos, acabamos por sellar nuestros labios en un tierno y dulce beso.
     Mi cuerpo entero tembló al sentir el suave contacto de nuestros labios, y mi corazón... Mi corazón saltó sin cesar de la enorme felicidad que sentía.

***

     Rato después de haber encontrado a Sophie y haberse vuelto a transformar en humano, no dudó ni un momento en cargarla y abrazarla con fuerza mientras que buscaba un refugio donde resguardarse del frío y de la tormenta. Por suerte, no muy lejos de allí, acabó encontrándose algo parecido a una pequeña cueva. Vaciló un momento, pero al notar a Sophie temblar entre sus brazos y al no tener más opción que aquella, se adentró allí dentro, con la esperanza de que no fuese el refugio de ningún animal peligroso.
     Procuró adentrarse lo más que pudo en aquella guarida y, para su alivio, comprobó que no había criatura alguna allí. Se agachó con cuidado y sentó momentáneamente a Sophie en el suelo, haciendo que apoyase la espalda contra la pared. Seguidamente, le desabrochó la chaqueta y terminó quitándosela para después hacer lo mismo con la suya propia y apartarlas con cierta prisa. Para finalizar, volvió a cargar a Sophie entre sus brazos, sentándose y apoyandose contra la pared con cuidado, terminando por acurrucar a la chica entre sus brazos y sentarla entre sus piernas.
     El chico, con el corazón en un puño, respiró profundamente un par de veces para intentar calmar sus nervios; sin embargo, no fue hasta que la chica dejó de temblar que él no pudo respirar con alivio.
     Estrechó a la chica con fuerza contra su cuerpo, apoyando la cabeza sobre la de ella, y, seguidamente, se permitió el lujo de cerrar los ojos al fin.
     Estaba agotado, casi exhausto. Podía notar cómo la adrenalina se iba desvaneciendo de su cuerpo y cómo este se volvía cada vez más pesado por segundos. No obstante, sus brazos se negaron a dejar de estrechar a la chica en ningún momento, y su corazón se mantuvo palpitante incluso después de dejar que el cansancio se adueñase de él, quedándose profundamente dormido.