¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

miércoles, 28 de junio de 2017

Capítulo 22:

     Un rato después de haber entrado en la estación de esquí, terminé encontrándome una vez más con Lysandro, quien nada más percatarse de mi presencia, me dirigió una leve y tierna sonrisa. La furia que sentía por aquella peliazul se apaciguó nada más verlo sonreír de aquella manera. Mis mejillas acabaron por colorearse levemente y mis pasos se dirigieron hacia él. Estaba sentado en uno de los sofás de la estancia, con una de sus libretas en la mano y sujetando un bolígrafo con sus dedos.
     Nada más terminar de acercarme, cerró delicadamente la libreta y se echó a un lado para que pudiese sentarme junto a él.
     —Parece ser que hoy no se te ha extraviado la libreta —le sonreí mientras me sentaba lo suficientemente cerca de él como para que nuestra conversación no llamase mucho la atención. En aquel momento, aquella sala donde nos encontrábamos estaba lleno de gente y podía asegurar que sus conversaciones se escuchaban a varios metros de distancia.
     —Puede ser que sea porque hoy tengo una razón especial para estar atento a todo lo que me rodea —contestó aún sin dejar de sonreír, girándose un poco hacia mí y tomando una de mis manos para después acercársela y posar suavemente los labios contra esta.
     Me quedé observándolo anonadada sintiendo las mejillas arder. La decepción que había sentido a lo largo de la tarde al no obtener mi ansiado propósito se esfumó por completo y en aquel momento deseé por todos los dioses del mundo, si es que realmente existían, que si aquello era un sueño, no me despertasen jamás.
     —Entonces... —murmuró mientras volvía a levantar la mirada para fijar sus ojos en los míos—, ¿vas a decirme qué te ocurría esta tarde?
     No supe cómo reaccionar. Me quedé observándolo unos segundos, procesando lo que me acababa de preguntar y no supe qué responderle. Estaba feliz de estar así con él, de tener lo que tenía en aquel momento con el chico del que había estado enamorada por todo un año. No era cuestión de empezar a reprocharle nada cuando siquiera había pasado un simple día desde que empezamos a salir.
     —No es nada —acabé respondiéndole con una leve sonrisa dibujada en el rostro y apreté suavemente su mano contra la mía—, era una simple tontería.
     —¿Segura? —preguntó, aún sin estar demasiado convencido de mi respuesta, a lo que yo le respondí acercándome a él y plantándole un pequeño beso en la mejilla. El chico se me quedó mirando unos segundos mientras que sus mejillas se coloreaban levemente. Finalmente, sonrió—. No tienes remedio...
     El chico me observó con ternura mientras su mano restante acariciaba y se deslizaba por uno de mis brazos, ascendiendo lentamente hasta posarse en mi mejilla. El corazón me empezó a latir frenético de la felicidad que sentía.
  —Hey, tortolitos —una voz nos sorprendió y, casi por impulso, nos separamos rápidamente, avergonzados. Era Castiel—. Menuda reacción —sonrió burlón.
     —D-deja de burlarte y di de una vez qué es lo que quieres, i-idiota —desvié la mirada hacia otro lado, intentando ocultar mi sonrojo mientras Lys se mantenía en completo silencio.
     —...¿Habéis visto a la novata? —preguntó sin más, con un tono ciertamente extraño que no supe identificar. ¿Se había enterado de lo de Nath y ella?—. Lo último que sé es que se fue corriendo detrás del estúpido del delegado hace un rato...
     —Oohh... ¿te dio plantón por él? —me burlé yo esta vez, pero al ver que en vez de contestarme, desviaba la mirada, me extrañé—. Amm... Lo último que sé de Sophie es que hace unos minutos se fue con la tal Ashley. Por lo visto, quería arreglar unos asuntos con ella —al decir aquello, observé cómo Castiel y Lys se observaban con cierta angustia y, el pelirrojo, sin decir nada más, salió corriendo del lugar, desapareciendo rápidamente por la puerta.
     No entendía nada de lo que estaba ocurriendo.


*     *     *

     Tras ver desaparecer a Akora por la puerta de la estación de esquí, aquella chica peliazul llamada Ashley me dijo que quería hablar en un sitio más privado, así que nos alejamos un poco del lugar, adentrándonos en el bosque.

     Ya habían dado el primer aviso de reagruparse en la estación de esquí, y sabía que si los profesores o los monitores se enteraban de que nos estábamos alejando en aquel momento, nos podría llegar a caer una buena, pero a pesar de ello, había decidido atender a aquella chica y solucionar cualquier problema que tuviese con nosotras. No estaba dispuesta a dejar que nos dirigiese aquella hostilidad sin razón alguna.
     La nieve comenzó a caer en forma de copos de nieve y, al poco tiempo, comenzó a hacer algo más de viento. Tenía un mal presentimiento de todo aquello, pero aun así no quise hacer caso a aquel impulso por el simple hecho de que últimamente me estaba empezando a jugar malas pasadas y podía estar equivocada esta vez. Eso sí, no dejé de estar alerta en todo el tramo que estuvimos caminando, pues a pesar de no fiarme del todo de mi propia intuición, el habernos alejado tanto y aquella nevada repentina me estaban empezando a inquietar.
     —Ashley —la llamé, pero no se detuvo—. Ashley, dime de una vez qué es lo que quieres —me paré en seco allí mismo, sin intención de seguir avanzando al observar que lo único que nos rodeaban eran innumerables árboles (prácticamente idénticos a mi parecer)—. Ya nos hemos alejado suficiente. No pienso seguir adelante si tu intención es irnos aún más lejos —la chica se detuvo, mas no se dio la vuelta en ningún momento—. ¿Qué tienes contra nosotras? No te hemos hecho nada. De hecho, acabamos de conocerte y aun así nos tratas como si te hubiésemos causado algún mal. Si no nos lo explicas, no podremos entenderlo.
     —Cuesta creer lo ilusa que puedes llegar a ser —murmuró y comenzó a reír levemente—. Pareces ser la única que no está al tanto de todo y, sinceramente, eso hace todo mucho más divertido —se dio la vuelta y me miró fijamente, dejándome ver su gesto burlón y ciertamente ensombrecido—. Tus amigos no son lo que parecen pequeña Sophie.
     —Déjate de tonterías Ashley. ¡Tú ni siquiera los conoces!
     —Eso es lo que tú crees, pero lo cierto es que los conozco mejor que esa amiguita tuya, que tan desesperada está por el blancucho, y tú. Si tan amigos sois, ¿cómo es que no te han contado su secreto?
     —¿Se puede saber de qué estúpido secreto hablas? ¡Dilo claro! Y si no han querido contarme nada, será porque no es algo que me incumba. Además, nadie te ha preguntado nada sobre ellos. ¡Déjanos tranquilas de una vez! —la chica volvió a reír.
     —¿Crees en los vampiros, pequeña?
     —¿Qué…? ¿Pero de qué estás hablando? Se te ha ido la cabeza.
   —¿Y en los hombres lobo? —la chica comenzó a acercarse a mí, obligándome a retroceder—. Oh, vamos, ¿tienes miedo de mí?
     —No debería haber ido contigo. Estás como una cabra.
     —¿De veras crees que estoy loca? ¿No querías saber qué era lo que me pasaba? —la chica volvió a aproximarse a mí, pero esta vez, vi estupefacta cómo su piel comenzaba a cambiar y a tornarse de otra textura y otro color—. ¿Quieres saber qué problema tengo con vosotras? Resulta que sois dos indefensas humanas que, por lo visto, tienen un pésimo y desafortunado gusto por los chicos. Esa pelirroja en particular me da exactamente igual que ande con ese estúpido vampiro, pero tú… —su cuerpo comenzó a inclinarse cada vez más, a medida que daba un paso sobre otro. Su tono burlesco pasó a tornarse en uno lleno de ira—, has osado acercarte a quien no debías, y aún más siendo hija de aquel bastardo asesino —su transformación terminó al cabo de unos segundos y, para mi espanto y mi horror, se había transformado en un enorme lobo de color negro—. Tú… ¡Deberías estar muerta!
     Mi espalda chocó con uno de los troncos del lugar. Mi cuerpo entero comenzó a temblar y mi mente pareció explotar al haber vislumbrado tal anomalía. Aquello no podía ser real. ¿Era esto una pesadilla? Sus gruñidos se hicieron sonar en la estancia, acechantes. Era prácticamente la misma situación que tuve con aquel lobo de pelaje plateado, sino que esta vez, sí que corría peligro, lo sentía, y aquella chica, o mejor dicho, aquel monstruo que se encontraba frente a mí, no parecía tener la misma piedad que tuvo el lobo de ojos grises.
      En un momento dado, aquella monstruosidad había dejado de hablar y sus feroces gruñidos se intensificaron. Cuando quise darme cuenta, aquella criatura estuvo casi por abalanzárseme, sin embargo, logré reaccionar a tiempo y me agaché rápidamente para después utilizar el árbol como impulso para salir huyendo de allí.
     Corrí todo lo que pude hacia una dirección aleatoria, sin embargo, la nieve dificultaba mis pasos y a cada movimiento que hacía, notaba que me asfixiaba del mismo esfuerzo que intentaba realizar. Aquella criatura me perseguía, me pisaba los talones, y aunque intentaba despistarla con los múltiples árboles del lugar, parecía que no se iba a dar por vencida.
     ¿Por qué estaba ocurriendo aquello? ¿Qué había hecho yo para que aquella bestia me persiguiera con el fin de matarme? ¿Y a qué se refería con que era hija de un asesino? El rostro sonriente de mi padre se dibujó en mi mente unos segundos y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. ¿Qué se suponía que estaba pasando?
     En un desafortunado tropiezo, caí de bruces al suelo y noté la nieve bajo mi piel. Mis piernas se negaron a moverse y empecé a jadear y a toser al no poder regular mi respiración. Estaba totalmente perdida. Iba a morir. Aquel era el fin.
     Fue en ese mismo momento, en ese instante de desesperación, que un aullido se escuchó seguido de un llanto lastimero. Al darme la vuelta, observé cómo aquella bestia que me había estado persiguiendo era atacada por aquel enorme lobo plateado, aquel lobo que había estado siguiendo aquellas últimas semanas por el bosque del pueblo. Entonces, era cierto que me había seguido hasta aquí, pero... ¿cómo?
     Una batalla sangrienta y sin escrúpulos se dio allí. Estaba paralizada. No podía terminar de creerme todo lo que había ocurrido en tan solo unos instantes. La pelea continuaba frente a mis ojos. Ambos se mordían, se empujaban, se arañaban... Se daban zarpazos y se agarraban al cuello del adversario con la mandíbula e intentaban lanzarlo por los aires. Los ladridos, los gruñidos y los rugidos se escuchaban una y otra vez.
     En el momento en el que la loba negra intentó volver a abalanzarse sobre mí, el otro volvió a protegerme sin dudarlo. Fue entonces cuando lo escuché. "MALDITA SEA, ¡VETE DE AQUÍ DE UNA VEZ! ¡LÁRGATE! ¡CORRE!".
     Mis piernas, mis brazos y todo mi cuerpo entero volvió a reaccionar. Me levanté rápidamente de la nieve y sin pensarlo dos veces, comencé a correr de nuevo, esta vez procurando no volver a tropezarme, alejándome todo lo que pude de aquel lugar.


*     *     *

     Al cabo de un rato, la pelea entre ambas bestias había terminado. Mientras que una quedó inmóvil e inconsciente en la fría nieve que cubría el paraje, tiñéndola de rojo, la otra se levantó, observando su alrededor. Olisqueó un poco la nieve y, cuando localizó su objetivo, comenzó a correr con las últimas fuerzas que le quedaban. La adrenalina del momento no le dejó percatarse de su pata herida y, a pesar de la leve tormenta que se había desatado de un instante a otro, no dudó en continuar hacia delante, siguiendo el rastro de aquella chica que había huido hacía poco.

jueves, 1 de junio de 2017

Capítulo 21:

     El pelirrojo observó a Sophie con detenimiento tras haber desviado la mirada para saber que ocurría y haberse encontrado con Nathaniel, quien no había tardado demasiado en marcharse de allí tras verlos juntos. La chica, tras su repentino alejamiento, no se demoró demasiado en disculparse con él e irse corriendo tras el delegado, apartándose una vez más de su lado y sintiendo que nuevamente se escapaba de entre sus manos.
     Lo primero que se le había venido a la cabeza en aquel momento era ir tras ella y detenerla para así evitar que se fuera, pero en vez de eso, presionó la mandíbula a la vez que se le fruncía el ceño, manteniéndose allí totalmente estático y observando cómo la chica se marchaba apresurada.
     Había pasado algo. Sabía que había ocurrido algo entre ellos dos sin él enterarse; tal vez cuando el rubiales la citó para hablar con ella mientras estaban en la cafetería, pensó. Sin embargo, allí estaba, dejándola ir una vez más y sintiendo los celos y la agonía apoderarse de su corazón. Las palabras de Akora antes de aquella conversación entre ellos dos resonaba una y otra vez en su cabeza: “Y ahí va el futuro ganador de la partida, moviendo ficha como de costumbre”.
     Aún no podía creer que en tan poco tiempo hubiera desarrollado tal posesividad por querer a aquella pelinegra a su lado, y aún menos que estuviesen floreciendo tales sentimientos por ella de un momento a otro.
     Tres meses humanos no eran nada, ni para él ni para ninguno de los de su especie, y sin embargo, en ese corto periodo de tiempo había llegado a apreciarla tanto como cualquier otro amigo o ser querido, e incluso como… algo más.
     Su gesto se ensombreció ligeramente al pensar esto último.
     Era imposible. No era posible que ocurriese aquello. Ni siquiera sabía lo que realmente sentía aquella chica; si sus más profundos sentimientos y pensamientos estaban dirigidos a él o, por el contrario, a aquel detestable delegado... Y aunque estos estuviesen dirigidos hacia él mismo, no podían estar juntos, pues a pesar de estar exiliado, el clan le haría la vida imposible nada más saber sobre su relación íntima con una humana. La chica correría peligro, y eso era algo que no podía permitir por mucho que le gustase Sophie.
     Suspiró con este último pensamiento, abatido. Apretó los puños con fuerza, sintiéndose totalmente desanimado y sin fuerzas para hacer nada más y dio media vuelta, adentrándose una vez más a aquel dichoso bosque cubierto de blanca y helada nieve, con las esperanzas por los suelos y el corazón completamente compungido y destrozado.

*     *     *

     —¡Nathaniel! —exclamé—. ¡Oye, Nath! ¡Espera!
     El mencionado no tardó en detener su paso ante mi llamado, mas sin embargo, no llegó a darse la vuelta. No fue hasta pasados unos segundos que finalmente decidió encararme con una leve y tensa sonrisa en su rostro, sin mostrar emoción alguna a pesar de todo.
     No pude evitar encogerme al notar que, tal gesto, me era dirigido por parte de aquel chico que siempre me había sonreído con cariño y afecto.
     —L-lo siento mucho. Sé que no te cae muy bien Castiel y, soy consciente que aún tengo que darte una respuesta... No era mi intención que vieras-...
     —No sé de qué me hablas —me interrumpió antes de que dijese nada más—. Y, es obvio el hecho de que apenas nos soportamos. No es nada nuevo —sus palabras sonaron más duras de lo que ambos esperábamos. Al parecer, había notado mi aturdida reacción, por lo que tras un suspiro, intentó remediar aquella incómoda situación que nos estaba empezando a consumir—. No tienes por qué disculparte, ni mucho menos darme explicaciones por algo sin importancia. Por mucho que lo deteste y por mucho que me cueste admitirlo, soy consciente de que sigues y seguirás siendo su amiga. No importa lo que haga, pues ese hecho no cambiará por mucho que te exprese mis sentimientos… No soy nadie como para impedirte nada que quieras hacer —conforme decía aquello, su gesto comenzó a suavizarse y, lentamente, comenzó a acercarse a mí con pasos un tanto temerosos para, al fin, tomar mis manos entre las suyas y aferrarlas con afecto—. Ahora mismo lo único que me importa realmente es saber tu respuesta —al escuchar aquello, no pude evitar desviar la mirada y removerme un tanto avergonzada—. No quiero presionarte, ni mucho menos obligarte a que aceptes tener una cita conmigo. Es tu decisión al fin y al cabo. Es por eso que, hasta entonces, hasta que puedas darme una respuesta apropiada, tanto como para aceptarme como para rechazarme, será mejor que te deje algo de espacio y me aparte lo suficiente de ti como para que puedas pensarlo adecuadamente, pues lo último que quiero es que acabes dándome una respuesta aleatoria a causa de las prisas.
     Alcé el rostro nuevamente, volviendo a enfrentarme a su mirada, y esta vez vi cómo la incertidumbre se alojaba en su rostro, a la vez que una pequeña y comprensiva sonrisa se dibujaba en él.
     Mis ojos se mantuvieron observando aquellos orbes ambarinos intensos que me observaban con cierta ternura y temor. Moví ligeramente los labios, a punto de decir algo, de decir que quería intentarlo…, pero finalmente la cobardía acabó apoderándose de mí. La aflicción no tardó en alojarse en mi rostro al volver a agachar la mirada, sin poder darle una respuesta que consiguiese calmar aquella incertidumbre que lo mantenía en vilo e inquieto.
     —Te prometo que pensaré adecuadamente sobre ello, Nath —respondí al fin tras unos breves segundos—, y cuando tenga una respuesta clara, te la diré de inmediato —apreté suavemente sus manos, sin dirigirle aún la mirada—. Gracias por ser tan paciente y tan comprensivo conmigo. Aprecio mucho eso.
     A pesar de no verlo, pude notar que el chico había sonreído tiernamente al escuchar aquello. Una de sus manos soltó la mía y la aproximó delicadamente hacia mi rostro para después acariciar mi mejilla con ternura. Segundos después, pude apreciar cómo acercaba su rostro y cómo el suave tacto de sus dedos en mi mejilla era reemplazado por el dulce toque de sus labios, sorprendiéndome. No pude evitar ruborizarme al instante y él, no tardó en separarse completamente de mí, soltando la única mano que aún había mantenido unida a la suya. Al volver a alzar la mirada, pude ver que su rostro también se encontraba levemente sonrojado.
     —Espero volver a hablar contigo pronto, Sophie —aquello, fue lo último que dijo antes de despedirse y finalmente marcharse de allí.

*     *     *

     El día transcurrió más rápido de lo imaginado. Había pasado casi toda la tarde junto a Lys en las pistas de esquí entre miradas fugaces y breves momentos de afecto, pero cuando parecía que iba a pasar lo que tanto ansiaba, el chico acababa alejándose de mí, dejándome con las ganas de probar aquellos carnosos y fríos labios que tantas veces antes había imaginado con besar.
     No estaba segura de si lo hacía conscientemente o no, pero cada vez que se alejaba, me dejaba con la angustiosa sensación de tener un nudo en la garganta y, al final, tuve que darme por vencida de conseguir mi propósito el resto de la excursión.
     Fue entonces cuando nuestra pequeña Sophie hizo acto de presencia, encontrándonos a los dos caminando hacia la estación de esquí. Lo extraño era que ni el pelirrojo ni el delegado se encontraban revoloteando a su alrededor.
     —¿Dónde se han metido tus guardaespaldas? —pregunté con sorna, saludándola con un breve gesto mientras me acercaba a ella, cargando los esquís que anteriormente había utilizado.
     La chica no contestó. Simplemente hizo un leve gesto tristón con la cabeza a la vez que agachaba levemente la mirada.
     Parecía ser que esto requería de una leve charla urgente entre chicas, algo que también me hacía falta a mí, la verdad.
     —Lys —llamé su atención dirigiéndome a él—. Voy a hablar un momento con Sophie. Parece que está teniendo problemas con un asuntillo. ¿Te importa si nos vemos después? —intenté no sonar demasiado rara para que no notase mi decepción en cuanto a lo ocurrido a lo largo de la tarde, pero al parecer no conseguí demasiado bien mi cometido.
     —…Vale —contestó sin apartar su mirada de mí ni un solo instante para después añadir lo siguiente—. Hablaremos después, entonces.
     Fruncí levemente los labios al escucharlo decir eso y asentí desviando levemente la mirada hacia la izquierda, incapaz de mirarlo directamente a los ojos.
     El chico pareció dudar un momento entre marcharse o no, pero al echar un vistazo al gesto de Sophie, se dio por vencido y lo dejó estar. Tras quitarme delicadamente los esquís de mis manos y acomodarlos junto con los suyos sobre sus hombros, se despidió con un leve gesto para después desaparecer tras la puerta de la estación de esquí.

*     *     *

     Tras dejarnos solas, acabé contándole lo ocurrido a Akora, quien no dudó en quedarse en silencio hasta que terminase de relatarle todo con pelos y señales.
     —¿En serio no te das cuenta de lo que ocurre? —dijo la pelirroja tras terminar de contarle todo—. ¡Los tienes a los dos en la palma de tu mano!
     —¿A los dos?
     —¡Sí! Es obvio que le gustas a Nathaniel, ¡él mismo te lo ha dicho! Pero por otra parte, es la primera vez que escucho que Castiel se comporta de tal manera con una chica, y no solo eso, dormisteis juntos. DOS VECES —enfatizó.
     —Eso no tiene nada que ver… —balbuceé notoriamente avergonzada.
     —Ya, claro, seguro —puso los ojos en blanco y, seguidamente, me miró seriamente—. Sophie, esto es serio. Estás intentando tratar con los sentimientos de ambos chicos por igual, cuando lo que deberías hacer es pensar quién te gusta realmente. Esto no es solo por tu bien, es por el bien de ellos dos también. No puedes estar jugando a quién resiste más, ni a quién te quiere más; no solo porque estás ilusionándolos inútilmente sin darte cuenta, sino que además va a llegar el día en que encuentren a otra persona y tú perderás la oportunidad de estar con quien realmente te gusta de los dos.
     Las duras palabras de mi amiga me hicieron encogerme y desanimarme aún más de lo que ya estaba. Sin embargo, no podía replicarle nada. Tenía toda la razón.
     —Aunque por otra parte, es comprensible que no sepas qué hacer —continuó, esta vez suavizando un poco el tono—. Los conoces desde hace relativamente poco. Tampoco estoy del todo segura de que le gustes a Castiel, además de que parece que no ha querido dejártelo claro. ¡Pero Nathaniel sí! Normalmente no defendería al delegado, pero es un paso muy valiente el que ha hecho. Y como ya te dije, ha cuidado sus palabras y ha decidido conocerte mejor y tener una cita contigo antes de proponerte ser algo más. Es solo una cita, Sophie. ¡No te va a comer! O al menos eso espero, porque si no, soy yo la que le cortará los huevos —aquello último consiguió arrancarme una risa, algo que alegró notoriamente a Akora—. Sophie, eres preciosa y una chica encantadora, da igual lo que digan los demás. Y, aunque te conozco de poco, sé que tienes un buen corazón y no quieres hacer daño a nadie, pero, amiga mía, siento decirte que en temas amorosos siempre saldrá alguien herido quieras o no. Si te decantas por alguno de los dos, el otro acabará destrozado, y si no eliges a ninguno, seréis los tres los que acabéis mal —hizo una pequeña pausa, observándome y continuó—. Si yo fuese tú, intentaría darle una oportunidad a Nathaniel. Es el que ha decidido arriesgarse a pesar de todo. Tantéalo y si da la casualidad de que le correspondes, intenta algo más. Y si no te convence, siempre puedes decirle la verdad sin ningún problema, pero tienes que decirle claramente lo que piensas y tus verdaderas intenciones desde el principio. Además, haciendo esto podrás ver si el pelirrojo hace algún movimiento o no para impedir que Nath y tú estéis juntos. Así te quedará todo algo más claro. ¿No crees?
     Tras analizar todo lo que me había dicho, asentí lentamente. Me daba algo de vergüenza que Akora me tuviese que aconsejar de aquella manera, dejándome claro todo de una forma tan… masticada y precisa, como si de no ser por ella no pudiese avanzar por mi propio pie. Sin embargo, era la primera vez desde hacía mucho tiempo que podía decir lo que realmente sentía a alguien cercano y que este me aconsejase desde un punto de vista lógico y externo sin juzgarme a la primera de cambio. No podía perder la oportunidad de disfrutar de la compañía de una verdadera amiga.
     Al pensar en todo aquello, sonreí levemente, haciendo que la chica me devolviese la sonrisa de oreja a oreja.
     De un momento a otro, sin esperarlo siquiera, la pelirroja me abrazó efusivamente mientras decía lo siguiente.
     —¡Ay, mi pequeña Sophie! ¿Qué harías sin mí?
     —Es cierto. No sé lo que haría sin ti —respondí devolviéndole el abrazo—. Muchas gracias, Akora.
     Fue en ese preciso momento cuando alguien carraspeó, interrumpiendo nuestra charla y nuestro abrazo y haciendo que captásemos su atención. Nos separamos, dirigiendo la mirada hacia aquella persona que nos había chafado un poco la excursión cuando llegamos, aquella chica de pelo azul que supuestamente compartía habitación con nosotras y a la que no habíamos vuelto a ver desde que había vuelto con aquella herida en el cuello.
     —Ashley…
     —Oh, vaya, si parece que la pelirroja ha hecho los deberes —sonrió sin más la mencionada—. Bonita escena de amor la que acabo de presenciar. Solo os faltaba daros un buen morreo y marcharos a un bonito hotel.
     —¿Qué es lo que quieres? —preguntó tajante Akora.
     Por mi parte, no pude evitar fijarme en que tenía una bufanda puesta alrededor del cuello, tapando el vendaje ligeramente ensangrentado que le cubría la herida.
     —Solo quiero charlar… Aunque no contigo, claro, sino con tu amiguita —me señaló con la mirada, y antes de que ninguna de las dos replicásemos nada, continuó—. Aún no le has dicho nada de lo que sabes, ¿cierto?
     Akora pareció tensarse, mas no dejó que aquello le acobardase. No entendía de qué estaban hablando.
     —No sé de qué me hablas.
     —Oh, vamos. ¿Ahora me vas a decir eso después de haber escuchado cómo el pequeño “Lys” te descubría su secretito?
     —¿De qué está hablando, Akora? —pregunté, desviando la mirada hacia mi amiga.
     —Cierto, ¿de qué estoy hablando, Ako?
     La pelirroja, enfurecida por su actitud, se acercó a ella amenazante, harta de todas sus burlas, pero antes de que hiciese o dijese nada más, la voz de Mark se escuchó en la distancia, más precisamente, desde la entrada a la estación de esquís.
     —¡Chicos y chicas! ¡El recreo ha terminado! Está empezando a oscurecer, así que por favor, devolved los esquís lo antes posible y reuníos conmigo aquí. En cuanto estemos todos, procederemos a volver a la cabaña. Avisad a todos los que aún se encuentren en las pistas también. ¡No tardéis, por favor!
     —Salvada por la campana, ¿eh? —volvió a mofarse la tal Ashley, haciendo que Akora bufase molesta.
   —Será mejor que vaya a buscar a Lys —dijo sin más, aguantándose las ganas de meterse en una pelea con aquella chica—. ¿Vienes Sophie?
     La miré durante unos segundos y, dubitativa, desvié la mirada hacia la chica peliazul, quien me ofreció una sonrisa un tanto extraña que no pude descifrar.
    —Ahora os alcanzo —acabé diciendo volviendo a ver a la pelirroja y haciéndole entender con la mirada que quería saber qué era lo que tramaba aquella chica.
     —… Como quieras.

domingo, 23 de abril de 2017

Capítulo 20:

     —¿¡Que te dijo qué!? —me apresuré a taparle la boca a la pelirroja, sintiendo el rostro arder de la vergüenza. El silencio se instauró en la sala mientras las miradas se fijaban en nosotras
     —¿Tenéis algo interesante que queráis contarnos, señoritas? —la voz de Mark sonó un tanto tajante—. Tal vez si escuchamos primero lo que tenéis que decir, podremos seguir adelante con las actividades de hoy, ¿no?
     Ambas nos encogimos un tanto intimidadas, tanto por el tono con que lo decía como por todas las miradas que nos echaron. Optamos por no contestar a aquello. Segundos más tarde, volvió a seguir explicando, intentando quitarle importancia a aquella brusca interrupción.
     —Bueno, continuando con lo que decía, el día de hoy lo emplearemos para explicaros un poco por encima sobre el esquí, los obstáculos con los que debéis tener cuidado, las posibles lesiones que os pueden ocasionar si no hacéis el calentamiento adecuado y, obviamente, os impartiremos algunas clases prácticas para que podáis manejaros más o menos por encima. Ya veréis que a lo largo del día, se os irá haciendo más fácil el manejar los esquís…
     —Entonces, ¿qué le dijiste? —me preguntó Akora en voz baja.
     —¿Eh? —fijé la mirada en ella un tanto desconcertada.
     —El delegado, Nathaniel, lo que me acabas de contar —dijo intentando reintroducirme en la conversación—. ¿Le contestaste o no?
     —Pues… —desvié la mirada un tanto abochornada sin poder evitarlo y solté un suave suspiro—. La verdad es que no supe qué decirle, así que me dijo que no hacía falta que le contestase en ese momento —sentía la mirada de Akora clavada en mí, completamente atenta a lo que decía—. Pero al final le dije que le intentaría contestar en cuanto pudiese para no dejarlo con la incógnita. Además, tengo que reflexionarlo bien, después de todo se ha portado muy bien conmigo desde que llegué y no sería muy considerado rechazarlo sin siquiera meditarlo un poco.
     —Entonces, ¿tenías pensado rechazarle?
     —¿Eh? ¡No! No es eso.
     —¿Vas a decirle que sí entonces?
     —¡Akora! —me giré hacia ella con el ceño un tanto fruncido y las mejillas completamente coloradas. Por el contrario, ella me mostró una sonrisa de oreja a oreja.
     —Perdón, perdón… Pero me alegra saber que estás pensando sobre ello seriamente y no como algo sin importancia. Eso quiere decir que no eres como Ámber —no pude evitar dejar escapar una pequeña risa—. Eso sí, ten en cuenta que te ha invitado a salir nada más. Podríais hacer una pequeña prueba y ya si todo va bien… pues seguir adelante. Aunque claro, eso también depende de lo que sientas.
     Fruncí un tanto los labios al escuchar eso último, mirando a la nada.
     ¿Y si no sabía exactamente lo que sentía? Es decir, ¿veía a Nath como algo más o no? Y dependiendo de eso, ¿debía intentarlo… o no?
     Cerré un momento los ojos, intentando tranquilizar mis pensamientos y fue entonces cuando la voz de Nath resonó en mi cabeza: “Sé que nos conocemos desde hace relativamente poco, pero realmente me gustaría intentar conocerte mejor…”. No me había pedido ser algo más, o al menos no todavía. Simplemente me había dicho que le gustaría invitarme a salir, es decir, tener... una cita.
     El corazón me dio un pequeño salto y lo sentí latir con fuerza, no sé si por los nervios, por lo que sentía o porque aquello, a pesar de la respuesta que diese, me alegraba. Simplemente no quise dar un no por respuesta así de primeras.
     Quería intentarlo.
     Mis labios se curvaron muy levemente, formando una pequeña sonrisa y seguidamente dejé que el paisaje volviese a iluminar mis ojos al abrirlos, sin embargo, en vez de eso, acabé encontrándome con la plomiza mirada y atenta de aquel pelirrojo que horas antes me había llevado a mi habitación sin yo enterarme, pues tras lo sucedido anoche, había terminado por quedarme dormida en sus brazos.
     La decisión que había tomado no tardó en cristalizarse y agrietarse al tomar consciencia de él. Mi corazón volvió a palpitar, esta vez vacilante, y el nerviosismo volvió a sumirme en la indecisión. Mientras, él comenzó a acercarse, esquivando a la marabunta que ya comenzaba a dispersarse. Por lo visto, Mark había terminado de hablar.
     Akora mientras tanto me miraba fijamente. Había hecho tantos gestos en el breve tiempo de reflexión que la chica se quedó un tanto trastocada al no saber qué se me estaba pasando por la cabeza. Sin embargo, cuando abrí los ojos y vio aquel gesto en mi cara al ver al pelirrojo, supo intuir lo que ocurría sin siquiera decírselo.
     —Hey enana, ¿qué te pasa? ¿Es que te has quedado hipnotizada al verme o qué? —se mofó el pelirrojo con aquella sonrisa de lado que tanto le caracterizaba. Acto seguido miró hacia Akora y luego a ambos lados—. ¿Y Lysandro?
     —¿Eh? —la chica hizo el mismo gesto y al instante respondió—. Hace un momento estaba aquí…
     —¡Hey! —la voz de Mark captó nuestra atención. No muy lejos se podía ver al gentío caminando en dirección hacia el teleférico, entre ellos estaba Lysandro, quien caminaba al lado del delegado manteniendo una pequeña conversación—. No os quedéis atrás, ¡vamos!
     Los tres nos miramos momentáneamente para después comenzar a caminar y volver a reincorporarnos al grupo.

*     *     *

     El ruido de ambiente de la carretera, el leve olor a gasolina y el sonido momentáneo del intermitente cada vez que tenía que cambiar de carril para adelantar. Sus manos se ceñían firmemente al volante, mirando a la carretera aparentemente concentrado mientras su cabeza cavilaba distraída.
     Centró un momento la mirada en una de las señales de la autopista. Todavía quedaban varios kilómetros para llegar a su destino, aproximadamente una media hora más o menos.
     Su cuerpo se mantenía en tensión. Después de todo aquel tiempo sin pasarse por allí, ¿qué diría? ¿Qué excusa pondría? Y, ¿sería tan convincente como para convencerlos? Presionó un momento los labios y, casi al instante después, sintió cómo un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Algo iba mal.
     Su mirada volvió a desviarse, esta vez hacia el espejo retrovisor interior del coche. Lo que vio a continuación le impresionó de tal manera que acabó pisando el freno de golpe a la vez que daba un brusco volantazo. El coche dio varios giros hasta finalmente impactar con la barrera del lado derecho de la carretera, provocando que el airbag saltase instantáneamente y amortiguase el golpe.
     Momentos después de aquello, el conductor volvió a reaccionar un tanto aturdido y mareado. Acercó una de sus manos a un lado de la cabeza, justo donde sentía una pequeña punzada y al retirarla vio cómo la sangre la había manchado levemente. No era una herida demasiado grave, aunque aquello no era lo que le preocupaba en ese preciso momento.
     Echó un vistazo por el retrovisor hacia el asiento trasero y se encontró con la sonriente mirada de aquel hombre, mostrando los colmillos alegremente.
     Soltó un suspiro de exasperación.
     —Mike… Eres imbécil —el mencionado transformó su alegre sonrisa en una burlesca.
     —Oh, vamos. ¿Te has asustado?
     —¡Casi nos matamos idiota! —exclamó.
     —Casi te matas tú, mejor dicho —ladeó la cabeza un tanto y al verlo sangrar lo miró con un atisbo de preocupación—. ¿Estás bien?
     —Acabo de tener un accidente por tu culpa, porque has aparecido de repente. Obviamente estoy a la perfección, gracias por preguntar —nada más decir aquello, hizo un pequeño gesto de dolor y se removió en el asiento hasta finalmente quitarse el cinturón. Luego, apoyó la cabeza en el reposacabezas del asiento y echó un vistazo hacia la carretera. Por suerte, en el momento del accidente no había habido ningún coche cerca circulando con el que poder chocar, por lo que toda aquella situación había acabado simplemente en eso, en un susto—. ¿Puedes explicarme cómo has hecho para entrar en un coche en marcha que iba a 120 kilómetros por hora?
     —110 en realidad —señaló—, y soy un vampiro, ¿recuerdas?
     —Como si eso justificase todo lo que haces… —suspiró.
     —Un mago nunca revela sus trucos, si no, ¿qué gracia tendrían? —volvió a sonreír.
     —Bueno, ¿vas a explicarme ya qué haces aquí o has venido simplemente para provocar el accidente?
     Mike no contestó. Simplemente mantuvo aquella sonrisa en sus labios. ¿Realmente había venido con esa intención?
     —Que conste que no he venido para matarte —aclaró. Su sonrisa se desvaneció poco después—. Sabemos lo que estás haciendo John —aquello le heló la sangre—, sin embargo, no tenemos pensado informar a tus superiores. Al menos, no aún. No queremos inmiscuirnos donde no debemos, pero seguimos opinando que las medidas que usasteis en vuestro clan con aquel hombre fue… inadecuada. A mi criterio, una aberración. Es por ello que se podría decir que estamos de tu parte y te apoyamos —se inclinó levemente hacia delante y posó su mano helada sobre el hombro de John—. Es por eso que estoy aquí. No podemos permitir que vuelvas a tu clan, o al menos no por ahora, y… ¿qué mejor excusa que un accidente para poder justificar tu ausencia? —el vampiro sonrió y apretó con fuerza su hombro, provocando que aquel hombre gritara de dolor—. Está dislocado por cierto. La ambulancia está de camino. He llamado antes de venir, así que estarán aquí en unos… 20 minutos más o menos, así que mientras tanto, relájate.
     —Ahora mismo no sé si darte una paliza o darte las gracias.
     —¿Una paliza? ¿Tú? ¿En el estado en el que estás? —Mike soltó una buena carcajada antes de decir lo siguiente—. Sueñas. Ni aunque estuvieras en perfectas condiciones podrías conmigo, lobito. Así que tendrás que conformarte con darme las gracias —hizo una breve pausa y comenzó a levantarse del asiento—. En fin John, ha sido un placer volver a verte solo para ayudarte a tener este maravilloso accidente —rio—. Es una lástima tener que despedirme de esta manera, además de que me encantaría quedarme para escuchar cómo harás para explicarle a aquella chica lo que ocurrió en realidad, pero bueno, tendré que ser paciente. Me traeré palomitas la próxima vez —tras abrir la puerta del coche, salió y volvió a cerrarla. Sus ojos se fijaron en las abolladuras del coche por un momento para después desviar la mirada hacia John. Sonrió—. Cuida bien de ella.
     —No hace falta que lo digas, ya lo hago —nada más terminar de decir aquello, observó cómo de un momento a otro aquel vampiro había desaparecido de la escena en un abrir y cerrar de ojos—. Hijo de puta…

*     *     *

     Al cabo de unos 15 o 20 minutos más o menos llegamos al teleférico. Al parecer no estaba tan cerca como parecía desde la cabaña donde nos hospedábamos, además de que la estación de esquí a penas se podía ver desde allí a causa de los árboles, los cuales cubrían todo el paraje, exceptuando claro está a las pistas de esquí, donde se había reducido un tanto la cantidad para poder evitar accidentes y poder esquiar libremente.
     Mike no tardó en explicarnos un poco cómo estaba distribuido el lugar. La estación de esquí estaba dividida en la parte interna y en la externa. En la externa estaba el establecimiento de alquiler de esquís y protecciones que nos harían falta. Esta parte estaba conectada con la parte interior por una puerta, así el personal podía entrar y salir de cada parte cada vez que hiciera falta. Finalmente, la parte interna era una inmensa cafetería. Vendían bocadillos, empanadas, dulces, chocolate caliente, café y refrescos. Solo servían desayuno y merienda, para abreviar.
     Tras mostrarnos un poco el lugar, volvimos a salir al exterior y Mark y Carole se dirigieron al lugar de alquiler de esquís y comenzaron a darle algunas indicaciones a los empleados que se encontraban allí.
     Cinco minutos más tarde, cada uno de nosotros ya tenía unos esquís en sus manos y las protecciones puestas en su lugar. Mark nos indicó que nos pusiésemos los esquís para practicar un poco el equilibrio antes de aventurarnos a lanzarnos por aquellas inmensas pistas. Me estaba dando dolor de cabeza de tan solo pensarlo.
     Tras varias explicaciones más y comprobar que manteníamos el equilibrio, nos indicó que nos los quitásemos. Esta vez, nos dirigimos al teleférico y, con el permiso de los monitores, aquellas personas que ya sabían esquiar, se montaron en este para comenzar a probar las pistas. Mientras, a los demás nos tocó caminar un poco para llegar a la pista de principiantes, la cual no tenía demasiada inclinación y era perfecta para practicar.
     Los monitores, tras un rato después, decidieron dejarnos a nuestro aire y ayudar a aquellos que tenían mayor dificultad. Por mi parte, aún no me atrevía a bajar por la pista.
     —¡Hey enana! —la voz del pelirrojo captó mi atención y observé cómo se acercaba a mí con una sonrisa de lado—. ¿Aún no lo has intentado siquiera?
     —No es tan fácil como parece —me quejé—. Además, es la primera vez que cojo unos esquís… —balbuceé esto último.
     —Se ve que lo tuyo no son los deportes —dijo con burla y se situó a mi lado—. En fin, tendré que ayudar a una torpe en apuros.
     —Cómo me vas a ayudar si tú no sabes… —me interrumpí al verlo sonreír de oreja a oreja—. No puede ser. ¿Sabes esquiar?
     —Está chupado. Mis padres me enseñaron de pequeño. Es como montar en bici. Una vez que aprendes, no se te olvida.
     Me quedé mirándolo un momento, sin poder creérmelo todavía. Por otra parte, esta era la primera vez que mencionaba a sus padres, al menos delante de mí, es por ello que la situación se me hizo algo más extraña aún.
     —Bueno, ¿quieres que te ayude o no? —asentí levemente con la cabeza y el chico comenzó a darme indicaciones—. Primero, ¿te quedan bien las botas?
     —Ehm… —desvié la mirada hacia las botas y moví un poco los pies. Me quedaban un tanto grandes—, me quedan…
     —…Grandes. Se ve a simple vista. Ven anda.
     Volvimos a la sección de alquiler y devolvimos las botas para que nos dieran unas con una talla inferior. Al probármelas, comprobé que no me bailasen y, efectivamente, me quedaban bien.
     Después, volvimos a la pista y el pelirrojo me dijo que me pusiera los esquís. Me indicó que pusiera estos de forma perpendicular a la pendiente y tratara de aguantar un momento el equilibrio con los bastones.
     A continuación, me indicó cómo debía posicionarme, qué tenía que hacer si me caía entre otras cosas, pero lo que realmente me tranquilizó fue cuando me dijo que no tuviese miedo, que él estaría a mi lado si ocurría algo.
     Al cabo de un buen rato, comencé a practicar por aquella pista, pero a cada intento le sucedía una nueva caída. Castiel, a pesar de sus risas, me ayudó a levantarme cada vez que ocurría algo parecido y me devolvía los ánimos para volver a intentarlo. Aquella imagen del pelirrojo se me quedó grabada en mi mente y, a cada minuto que pasaba con él, más sentía que el corazón me latía con más y más fuerza.
     Tras intentarlo una última vez, me sorprendí al poder manejar los esquís y al frenar sin caerme en ningún tramo. Lo había conseguido, ¡realmente lo había conseguido! No pude sentirme más satisfecha conmigo misma, pero sobre todo, no pude evitar que, al acercarse el pelirrojo con aquella sonrisa en su rostro, le diese un efusivo abrazo de agradecimiento.
     Desde pequeña había querido aprender a esquiar, y tras esta experiencia, estaba claro que quería volver a repetirlo. Era una verdadera lástima que al día siguiente ya se acabase la excursión, pero sería egoísta pedir que se alargase aún más.
     Fue entonces cuando abrí los ojos y me encontré con la mirada fija y dolida de Nathaniel. “Después de la excursión, me encantaría poder invitarte a salir”.
     Me separé instantáneamente del pelirrojo y observé cómo el delegado volvía sobre sus pasos hacia el interior de la estación de esquí.

lunes, 27 de febrero de 2017

Capítulo 19:

     Las manecillas de un reloj resonaban continuamente en la silenciosa estancia, y a cada segundo que pasaba, más nervioso se sentía. La luz de la cocina parpadeó un poco, como dando a entender que pronto se fundiría la bombilla que se encargaba de iluminar cada rincón de la habitación de aquella casa.
     Alzó la vista un momento, como tantas veces había estado haciendo desde que se despertó bien entrada la madrugada, y revisó la hora. Se había intentado volver a dormir, se había aseado, se había paseado por toda la casa, e incluso se había puesto a ver la tele a sabiendas de que a esas horas de la madrugada no echaban nada interesante en ningún canal. Sin embargo, nada consiguió distraerlo. Por ello, se había sentado en la mesa de la cocina, a la espera de la inminente llamada que estaba por llegar, la cual haría resonar el móvil que tenía situado encima de la mesa de la cocina, justo frente a sus ojos.
     ¿Cuánto tiempo más podría mantener aquella farsa? Habían pasado ya más de dos meses desde que la chica llegó a aquella casa y sin embargo no se había atrevido a contarle la verdad. ¿Cómo reaccionaría cuando se enterase?
     Situó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos de sus manos a la vez que apoyaba la frente sobre estas, como si el hecho de ocultar su rostro consiguiese hacerlo desaparecer por completo, tanto a él como a la circunstancia en la que se encontraba.
     A pesar de no haber hecho nada malo, se sentía totalmente culpable. Sabía lo que ocurriría entonces, sabía que estaba en peligro, y sin embargo, lo único que pudo hacer fue intentar convencerlo de que no fuese al bosque, en vano.
     La melodía de su teléfono móvil le sobresaltó, haciendo que las pulsaciones se le empezasen a acelerar sin poder evitarlo. Se irguió y tomó el aparato entre sus manos. “Número desconocido” se podía leer en la pantalla. Inspiró un momento intentando tranquilizarse y, con las manos temblorosas, descolgó la llamada, acercando el móvil a su oído.
     —John, soy yo —al escuchar aquella voz, su cuerpo pareció destensarse. No era quien precisamente estaba esperando que llamase, pero aun así seguía siendo por el mismo motivo—. No tengo demasiado tiempo, así que escucha. Algunos de mis contactos me han soplado que los del clan están empezando a notar tu ausencia. Hay algunos rumores que dicen que te han visto merodear por la ciudad vecina, sin embargo no tienen pruebas seguras de ello —hizo una breve pausa y, tras unos segundos, se le oyó suspirar al otro lado del teléfono—. Mira, no sé exactamente qué estás haciendo ni cuál es tu propósito, pero más te vale volver lo antes posible si no quieres tener más problemas de los que ya tienes. Sabes demás lo que te costó integrarte en el clan debido a tu… Bueno… Ya sabes —al mencionar aquello, el rostro de aquel hombre se ensombreció levemente. No quería recordarlo, pero ya era algo que formaba parte de su vida. Después de todo, los rumores corrían como la seda, y ya casi todos los del clan le recordaban por lo sucedido.
     —¿Problemas… como el tuyo? —sus palabras sonaron más afiladas de lo que deberían, pero no se retractó de ello.
     —Je… Eso no funciona conmigo, ¿recuerdas? Y eso más que ser un problema, fue casi una decisión propia.
     —Casi —destacó, ya ladeando una pequeña sonrisa.
     —Bueno, caso aparte, sabes de más que no te recuerdo esto por hacerte ningún mal. Se supone que eres un fiel seguidor de la tribu, de su gente y sus tradiciones. Cualquiera diría que los estás traicionando —nada más decir esto, se apresuró en añadir lo siguiente-. Ojo, que yo soy el primero aquí que lo hizo, pero ya me entiendes —una voz en la lejanía hizo que la persona al otro lado del teléfono se exaltase por un momento. La voz se iba acercando según pasaban los instantes. «Cariñoo~» se escuchó que decía melosamente. Era la voz de una mujer—. Tengo que colgar —se excusó—, mi esposa me reclama. Pero que sepas que yo ya te he avisado.
     —Lo tendré en cuenta.

*     *     *

     Eran cerca de las 8 de la mañana. Nos encontrábamos una vez más en el comedor, esta vez, desayunando. El ruido de la marabunta de alumnos seguía sin fin, como si no fuera temprano en la mañana y no se hubiesen visto el día de ayer como para contarse todo lo que habían hecho en toda la semana. Las conversaciones se entremezclaban y más de uno empezó a dirigirse a voces para poder hablar con el que estaba situado en la otra punta del comedor, pero eso no parecía alterar a los profesores ni a los monitores. Total, estábamos de excursión, y en pleno desayuno además. No tenían por qué intervenir si no era necesario.
     Mientras tanto, Akora y yo nos mantuvimos desayunando en silencio. Despertarnos temprano en la mañana no era uno de nuestros fuertes, aun estando en una excursión. Sin embargo, eso no quería decir que no pudiésemos tener una pequeña conversación antes de que llegasen los chicos.
     —¿Has visto a la chica del pelo azul esta mañana? —pregunté con curiosidad. A lo que la pelirroja contestó negando con la cabeza.
     —De hecho, pareciera que hubiese desaparecido. Estaba algo preocupada por la herida que llevaba, pero… cuando llegué anoche a la habitación, ya no estaba.
     —Qué raro —giré la cabeza un momento hacia la puerta para luego volver a mirarla a ella—. Esa herida… Dijeron que había lobos por aquí, ¿no? Tú crees que…
     —No creo —me interrumpió—. Los animales suelen guiarse por su instinto, y sabiendo que por aquí suelen haber turistas, lo normal en ellos hubiese sido alejarse lo más posible —argumentó—, aunque por mucho que nos han avisado de que por aquí hay lobos, no he llegado a ver ninguno.
     —Entonces, si no ha sido un lobo, ¿qué ha sido?
     Aquella pregunta pareció hacer que Akora se incomodase un poco, o al menos esa fue mi impresión. Su ceño se frunció levemente unos simples instantes, pero después negó con la cabeza. No comprendí lo que le pasaba.
     —No lo sé —respondió momentos después de pensar la respuesta.
     Iba a preguntarle a qué venía esa reacción, pero el hecho de que su mirada se desviase de nuevo al plato hizo que me retuviese un poco. Fue entonces cuando la imagen de aquel lobo se me llegó a pasar por la mente. A pesar de la justificación de Akora, algo me decía que eso no era del todo cierto. Un pequeño escalofrío me recorrió el cuerpo de tan solo pensarlo.
     —Por cierto, cambiando de tema —alzó la mirada y me observó con una sonrisa pícara dibujada en los labios—. ¿Llegaste a ver a Castiel anoche?
     Me quedé estática por unos segundos, observándola con los ojos desencajados mientras mantenía el tenedor en mi boca. Akora soltó una pequeña risa al verme y mis mejillas comenzaron a enrojecerse.
     —E-ehm… Sí. Por cierto, ¿fuiste tú quien me trajo aquella manta? —intenté cambiar de tema para no entrar en detalles.
     —Síp —contestó sin más con una sonrisilla en los labios—. Al salir de la cafetería, nos dimos cuenta de que te habías quedado dormida, así que te traje una manta. No fui capaz de despertarte. Te veías taaan mona mientras esperabas por tu “príncipe azul” —nada más escuchar aquello, me atraganté y comencé a toser sin poder evitarlo. Akora volvió a reír y se acercó para darme unas palmaditas en la espalda—. ¡Pero no te ahogues! Ya sé que las tortitas están muy buenas, pero tampoco te las comas de esa manera —mis mejillas explotaron al escuchar aquello.
     —¡Akora por dios! —la mencionada comenzó a reírse a carcajada limpia, comenzando a llamar la atención de algunas personas de nuestro alrededor. Esta chica, sin lugar a dudas, no tenía remedio. La pelirroja consiguió calmarse a los pocos minutos, sin embargo, antes de que pudiese volver a insistir en el tema, me adelanté—. Bueno, ¿y qué ha pasado con Lysandro y contigo? Desde que llegamos se os ha visto más cercanos que de costumbre. ¿Ha ocurrido algo en especial?
     La chica se mantuvo inexpresiva. Miró hacia los lados comprobando algo y, seguidamente, agachó la cabeza. Sus mofletes no tardaron en enrojecerse—. P-pues… Se supone que estamos… “juntos”. E-es decir, estamos… ¿saliendo? —las palabras comenzaron a trabarse en su boca y no pudo evitar tartamudear. Aquella imagen se me hizo de lo más tierna que pude ver—. Pero —agh, la palabra infernal—, es raro. No sé. Es como si nada hubiese ocurrido, entre comillas. Actuamos como siempre prácticamente, pero ahora nos permitimos el lujo de tomarnos las manos y poco más. Ahora se me hace algo más difícil mirarlo a los ojos de solo pensar que conoce mis sentimientos. En realidad, no nos dijimos nada abiertamente, pero en aquel momento no nos hizo falta decirlo, ¿sabes? —una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro mientras sus mejillas se mantenían sutilmente coloreadas.
     No pude evitar sonreír y sentirme feliz por mi amiga. Sin embargo, su voz tenía un leve atisbo de tristeza, o tal vez de decepción. ¿Tal vez…?
     —Entonces, ¿os habéis besado ya? —la chica se sobresaltó. Había dado en el clavo—. Se ve que no —reí.
     —Después de tanto tiempo enamorada de él y de imaginármelo miles de veces en mi mente, ahora se me hace difícil hacerlo. Y tampoco pienso pedírselo. ¡Qué vergüenza! —volví a reír—. Pero bueno, supongo que ocurrirá cuando tenga que ocurrir.
     —¿Qué tiene que ocurrir? —ambas nos sobresaltamos al escuchar una tercera voz y mi corazón dio un pequeño respingo al reconocerla.
     Alcé la mirada y vi cómo se sentaba Castiel en una de las sillas de nuestra mesa mientras que Lysandro y Nathaniel se terminaban de acercar a nosotras.
     —Nada que te interese cotilla —le contestó la pelirroja, sacándole la lengua como una niña pequeña.
     —A saber lo que tramáis, locas —dijo sin más, tomando un tenedor de la mesa y robándome una de mis tortitas.
     —¡Oye! ¡Eso es mío, ladrón! —tomé el plato entre mis manos y lo alejé lo más que pude de él para que no me quitase la última que quedaba—. Ve a cogerte tú un plato si tanta hambre tienes. ¡Shu shu!
     —Lo estoy haciendo por tu bien, tonta. Dame, que si no te vas a poner más gorda —rio, acercando otra vez el tenedor y pinchándome con este en el brazo.
     —El gordo aquí eres tú, glotón avaricioso. ¡Quita bicho!
     Lysandro observó el espectáculo que estábamos montando con curiosidad, sentándose al lado de Akora. Mientras, Nathaniel no tardó en situarse a mi lado, captando mi atención y haciendo que Castiel cambiase el gesto por completo.
     —Sophie, ¿puedo hablar contigo un momento? —me preguntó sin más, haciendo un leve gesto para indicarme que quería hablar a solas. Titubeé.
     —Ehm… Claro —mis ojos se desviaron un momento hacia los demás para disculparme con la mirada—. Ahora mismo vuelvo.
     Me levanté de la mesa y caminamos hacia el exterior del comedor mientras sentíamos las miradas incesantes y curiosas de quienes habíamos dejado atrás. Si hubiese estado atenta, podría haber escuchado a Akora decirle a Castiel un «Y ahí va el futuro ganador de la partida, moviendo ficha como de costumbre».

     La puerta del comedor se cerró emitiendo un pequeño chirrido. En comparación a donde nos encontrábamos anteriormente, el ruido a penas se notaba una vez que traspasabas la puerta que separaba ambas salas. Entonces, el escándalo del interior, ¿era real o simplemente era una simple exageración de mis sentidos? Ahora que había salido de allí, podía notar el leve dolor de cabeza que tenía.
     Alcé la vista hacia el delegado y no tardé en encontrarme con sus ojos ambarinos. Ahora que me fijaba, podía vislumbrar ciertas ojeras adornando su rostro, además de un leve atisbo de cansancio inusual en él.
     —¿No has dormido bien?
     —Bueno, cuando tu compañero de habitación es alguien al que no le tienes demasiado aprecio, la convivencia en sí se hace algo pesada, pero aparte de eso, nada importante —esto último lo dijo mostrando una pequeña mueca, pero lejos a lo que intentaba mostrar, no llegó a asemejarse ni a tan siquiera una sonrisa. Decidí no preguntar en aquel momento, pues no parecía querer hablar de ello.
     —Entonces… ¿de qué querías hablar?
     El chico comenzó a sentirse nervioso. Cerró un momento los ojos, inspiró para tranquilizarse y los volvió a abrir, decidido. Sus manos tomaron las mías con delicadeza y cierto temor, causando mi desconcierto y que mis mejillas se colorearan levemente.
     —Sé que nos conocemos desde hace relativamente poco, pero realmente me gustaría intentar conocerte mejor y, quizás, y solo quizás, s-si tú quieres… —su rostro comenzó a enrojecer a medida que decía todo aquello, comenzando a tartamudear. Sus manos comenzaron a hacer cierta fuerza a pesar de todo, sosteniendo las mías firmemente e intentando transmitirme la seriedad de sus palabras. No podía creerme nada de lo que estaba ocurriendo en aquel instante—. Es decir… —suspiró una vez más y me miró fijamente a los ojos, con el rostro enrojecido pero con un gesto tan serio y sincero que no pude evitar sentirme nerviosa—. Después de la excursión, me encantaría poder invitarte a salir.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Capítulo 18:

     Un aullido resonó haciendo eco en todo el lugar, un aullido que me resultaba bastante familiar, aunque esta vez me percaté del leve toque lastimero con el que lo expresaba. La noche ya estaba cayendo y el sol apenas se dejaba ver por el horizonte.
     Me mantuve inmóvil por un instante, observando mi alrededor detenidamente hasta que el eco de aquel aullido desapareció por completo. Era aquel lobo, lo presentía, y no estaba muy lejos de donde me encontraba. Sin embargo, sabía que no debía ir en su busca, no hoy al menos. Como ya dijeron los monitores cuando llegamos, al caer la noche debíamos volver a la cabaña en cuanto pudiésemos, no solo por el peligro de las montañas y el que pudiésemos perdernos, sino también por el hecho de que una vez que cae la noche en Mont Blanc, la temperatura disminuye en exceso, y aún más en estas fechas de invierno.
     —¿Ocurre algo?
     Mi mirada volvió a fijarse en los ojos color ámbar del delegado, quien me observaba con cierta preocupación. No le respondí. Simplemente hice un gesto con la cabeza, indicando que estaba bien. Por el contrario, Nath, en vez de seguir hacia delante, se aproximó a mí y, con un movimiento sutil, se quitó la chaqueta, posándola sobre mis hombros. No fue hasta ese preciso instante, al sentir la calidez de su abrigo, cuando me di cuenta de que había estado temblando del frío.
     —Será mejor que nos demos prisa en volver —dijo antes de que pudiera agradecerle el gesto—. Está empezando a helar…
     Su cálida mano tomó la mía y tiró de ella, aproximándome a él y volviendo a caminar a un paso más apretado.

     Al poco tiempo después, nos reunimos con los demás en el interior de la cabaña. La puerta seguía abierta, pues según parecía, aún quedaban algunas personas por volver.
     Mientras Mark y Carole recogían algunas tarjetas para poder imprimir las fotos que habían hecho algunos alumnos, busqué entre la marabunta de gente hasta finalmente encontrar a Akora y a Lysandro. Ya se me empezaba a hacer costumbre el encontrarlos a los dos juntos, sin embargo, en aquel momento había algo distinto. Ambos se mantenían lo más cerca posible del otro, manteniendo sus manos unidas y completamente entrelazadas.
     Sonreí al verlos y, casi como si hubieran sentido mi mirada, desviaron su vista hacia mí. Casi por acto reflejo, solté la mano del delegado y los saludé en la distancia. Ambos me respondieron de la misma forma, evitando soltar sus manos y dejando entrever una leve sonrisa. En ese momento, Lys se percató de algo y desvió la mirada hacia la entrada de la cabaña. Mis ojos se dirigieron en la misma dirección.
     Aquella chica de cabellos azules estaba en la puerta, manteniendo una de sus manos en su cuello mientras intentaba inútilmente no mostrar ningún gesto de dolor. Entonces fue cuando me fijé en cómo parte de la zona que se intentaba cubrir estaba levemente teñida de rojo.
     La chica me dirigió una mirada gélida cargada de odio, e instantes después se adentró en la cabaña silenciosa y rápidamente, evitando ser vista por los monitores y los profesores, y entrando finalmente en la sección de chicas.
     Mi vista volvió a desviarse hacia Akora, quien me observaba entre sorprendida y asustada. Parecía como si pudiera leerle el pensamiento. ¿Qué había ocurrido allí fuera para que volviese con aquella herida?
     ¿…Tendría alguna relación con el aullido que escuché?
     Tan ensimismadas estábamos con lo visto que no nos dimos cuenta de la mirada mutua que se echaron Nathaniel y Lysandro, quienes se habían percatado de la ausencia del pelirrojo y se imaginaban lo que había ocurrido.

     Carole y Mark terminaron de recoger las tarjetas al poco tiempo después, asegurándose de que todos le hubiésemos puesto nuestros nombres para así poder devolvérnoslas sin ningún problema. A pesar del tiempo que había transcurrido, Castiel seguía sin dar señales de aparecer y visto lo que le había ocurrido a la peliazul, me estaba comenzando a preocupar, por lo que, después de devolverle la chaqueta a Nathaniel y agradecérselo apropiadamente, me acerqué a Lysandro y a Akora para preguntarles.
     —Chicos, ¿Castiel no se fue con vosotros después de separarnos?
     —Por un momento sí, pero al final acabó yéndose por su cuenta —respondió la pelirroja notando mi preocupación—. No creo que le ocurra nada. Castiel viene y va, ya lo sabes.
     Parecía como si eso se lo dijese a sí misma para no preocuparse en vez de calmarme a mí y eso solo hacía que la imagen de la chica de cabellos azules volviese a mi mente. ¿Y si le ocurría algo parecido? No quería ni imaginármelo.
     En ese momento, Mark y Carole volvieron a llamar la atención de la multitud que se encontraba en la estancia.
     —Chicos, chicas, nuestra intención ahora era pasar lista y revisar que no faltase nadie, pero viendo la hora que es, será mejor que vayamos entrando al comedor. Una vez dentro, mientras vais cogiendo la cena, iremos pasando lista, así que por favor, id entrando ordenadamente. Mañana por la mañana esperamos tener los resultados de las imágenes elegidas, pero por ahora, disfrutad de la cena. Eso es todo.
     Los alumnos comenzaron a dirigirse al comedor, siguiendo a los monitores y a los profesores tal y como les había dicho Mark, sin embargo, yo decidí quedarme a esperar allí a que por fin apareciese Castiel. Tras decirle a Lys y a Akora que me iba a quedar a esperarlo y decirles que le dijesen a los profesores que estábamos en el baño como excusa, me despedí de ellos y me dirigí a uno de los sofás que había cerca de la puerta de la cabaña.

*     *     *

     Lysandro y yo nos habíamos sentado en una de las mesas del comedor tras comunicarles a los profesores lo que nos había dicho la pelinegra y coger algo para cenar.
     No voy a negar el hecho de que estaba algo preocupada por Castiel, pero estaba tan acostumbrada a que hiciese lo que le diera la gana que tampoco le eché tanta cuenta como debería. Lysandro en cambio, no parecía afectarle su ausencia, de hecho, estaba totalmente inexpresivo desde que vio a la peliazul entrar en la cabaña. No pude evitar fruncir un poco los labios al darme cuenta de aquello.
     —Lys, sé que no debería entrometerme donde no me llaman, pero… ¿quién es exactamente aquella chica?
     El chico se me quedó mirando un momento, intentando analizarme con la mirada. No sabía si se lo estaba preguntando por curiosidad, por preocupación o simplemente por saber si debería sentir celos o no de aquella chica, pero quería saber más sobre el tema, sobre todo ahora que la había visto en aquel estado.
     Mis ojos se mantuvieron fijos a los suyos, esperando una respuesta. Al ver que no pensaba cambiar de tema, el chico acabó suspirando, dándose por vencido.
     —Su nombre es Ashley —comenzó a contar—. No estoy seguro de qué hace exactamente aquí, ya que esto es un viaje extraescolar y según tengo entendido, estos días estaban reservados para nuestro instituto —añadió dubitativo—. Nunca he tenido el placer de conversar abiertamente con ella. Su presencia se me hacía incómoda en algunas ocasiones. Y, respecto a Castiel… Se podría decir que mantuvo una relación un tanto indecorosa con él —hizo una breve pausa para observarme. No pude evitar sentirme algo aliviada al escucharlo, aunque tampoco me agradaba pensar que el pelirrojo había tenido una relación de aquella clase—. Castiel no estaba con ella por ese motivo. Él aceptó porque estaba enamorado y pensaba que conseguiría hacer que ella sintiese lo mismo por él.
     Parpadeé un par de veces, aún sin creerme lo que me estaba diciendo.
     —Cuando Ash descubrió que Castiel estaba enamorado de ella, lo dejó —hizo una breve pausa y después se apresuró a añadir lo siguiente—. Esto es todo lo que puedo decir por mi parte. Si quieres saber más, será mejor que se lo preguntes a él.
     Obviamente sentía curiosidad por saber más sobre aquello, pero tampoco es que me interesasen demasiado las relaciones que mantuviese Castiel. Por otra parte, esto sí era algo que le interesaba a “alguien”. No estaba segura de si a Sophie le gustaba Castiel o no, de hecho, últimamente estaba pasando más tiempo con el delegado y eso me estaba confundiendo en cierta manera. Aunque también podría ser que aún no los había conocido lo suficiente. Después de todo, solo habían pasado 3 meses desde el inicio del curso.
     Mis pensamientos se vieron interrumpidos en el momento en el que sentí cómo el albino me tomaba de la mano. Al alzar la mirada, me encontré con aquellos ojos de distinto color que tanto me gustaban. Intensos, cálidos y llenos de aprecio. Una sonrisa se me dibujó en el rostro y no pude evitar sonrojarme un poco.
     Después de todo un año enamorada de él, aquí estaba ahora, a su lado. Tenía una extraña sensación que no paraba de atormentarme diciéndome que en el fondo había sido demasiado fácil conseguirlo. Obviamente, no me esperaba nada tipo Crepúsculo, y aún más al saber que Lysandro era un vampiro, pero algo me decía que a partir de ahora la cosa empezaría a complicarse.
     Sin embargo, hasta entonces, disfrutaría todo lo que pudiese a su lado.

*     *     *

     —…Hey. Venga, vamos, despierta enana.
     Sentí cómo alguien me zarandeaba mientras decía aquello, intentando despertarme. Mis párpados no tardaron en reaccionar y abrirse poco a poco. ¿Me había quedado dormida? ¿Y quién me había puesto aquella manta encima?
     —¿Se puede saber qué haces durmiendo aquí?
     —¿Castiel…? —fue entonces cuando caí en la cuenta de qué hacía allí. Mi gesto se endureció al instante—. ¡Estaba preocupada! ¿Se puede saber dónde estabas? Los profesores ya han pasado lista y… —me di cuenta de que no había ido a cenar al final y mis ojos no tardaron en fijarse en que la puerta del comedor estaba cerrada y a oscuras. La única luz que estaba encendida era la de la sala en la que nos encontrábamos. La sala de estar—. Mierda.
     El pelirrojo no tardó en darse cuenta de lo mismo, sin embargo, no le tomó demasiada importancia y volvió a desviar la mirada hacia mí.
     —¿Has dicho… que estabas preocupada? —una sonrisilla burlona se asomó en su rostro.
     —¡Pues claro que sí! —respondí inmediatamente, frunciendo el ceño y haciendo caso omiso a su gesto—. Aquella chica que comparte habitación con nosotras llegó con una herida en el cuello. A penas pude verla, pero estaba sangrando. ¡Obviamente me iba a preocupar por ti!
     El chico pareció analizar mis palabras. Tras fruncir los labios, acabó soltando un suspiro y acabó sentándose a mi lado en aquel sofá.
     A pesar de estar la estancia levemente iluminada por la luz de algunas lámparas, estas no cumplían su función en toda la estancia. Se notaba que era bien entrada la noche, y al sentarse a mi lado, sentí lo helado que estaba.
     Me acerqué un poco más a él y tomé sus manos entre las mías, confirmando lo que me temía. Podría haber llegado antes y al ir al baño se podría haber dado cuenta de que estaba allí esperándolo, pero no era así. Acababa de llegar y sus manos estaban totalmente heladas.
     —Por dios Castiel, estás…
     —¿Helado? —alcé la vista para mirarlo. Una leve sonrisa le dibujaba el rostro—. Tal vez puedas hacer algo para calentarme.
     Mi rostro enrojeció en el acto y no dudé en darle un golpe en el hombro.
     —Idiota…
     Tras unos breves instantes meditando, fruncí un poco los labios, avergonzada por lo que estaba por hacer. Estiré un poco la manta y, acercándome a él, intenté taparlo lo máximo que pude para después acomodarme a su lado y apoyar la cabeza sobre su hombro.
     Su cuerpo se tensó por completo, tomándolo totalmente desprevenido. Aun así, al cabo del tiempo volvió a relajarse. Su brazo rodeó mis hombros, apegándome más a él y su cabeza acabó apoyada sobre la mía. Al cabo de unos minutos, no pude evitar cerrar los ojos una vez más.
     —…Castiel —este respondió profiriendo un pequeño gruñido para indicarme que me escuchaba—. Gracias por lo de esta tarde. Realmente necesitaba desahogarme y contarle a alguien lo sucedido. Ahora… ahora ya estoy más tranquila. Antes no me veía capaz de continuar aquella conversación con mi padre, pero ahora me siento mucho mejor y creo que una vez volvamos podré hacerle frente sin desmoronarme nada más verlo —hice una pequeña pausa—. Muchas gracias.
     No respondió. En cambio, unos segundos después de decir aquello, noté cómo se movía ligeramente. Al instante después, sus labios se habían posado sobre mi cabeza mientras que su brazo ejercía cierta presión para acercarme más a él. Mi corazón dio un pequeño salto de alegría y mis mejillas cobraron un pequeño tono rojizo. Sin dudarlo un solo instante, respondí a su abrazo con una sonrisa en los labios.
     No sé si fueron imaginaciones mías o era algo que simplemente quería oír, pero me pareció escucharle decir algo, algo que resonó en mi interior con aquella ronca y suave voz que comenzaba a gustarme cada día más.
     “Por ti lo que sea morena”.